Los exportadores argentinos no descartan que China siga imponiendo barreras comerciales a los ingresos de la oleaginosa y subproductos, disfrazados de problemas fitosanitarios.
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El 1 de octubre entraron en vigencia en China nuevas normas para el ingreso de alimentos en general, pero que afectan particularmente los envíos locales de granos y aceite de soja, según se lamentan aún hoy los exportadores.
«Una de las normas más controvertidas es la Resolución 73, por la cual se impone para las importaciones el control de calidad (con autorización fitosanitaria) en la descarga en puertos chinos. Cabe agregar que usualmente en el comercio mundial estos controles de calidad se concretan al realizarse el embarque, con un acuerdo entre comprador y vendedor en relación con la empresa controladora que efectuará la auditoría, en tanto que el país exportador emite un certificado fitosanitario», explicaba ayer la consultora y corredora Granos del Paraná.
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La aplicación de esta norma la semana pasada provocó el freno del desembarque de una carga de soja por un valor de 16,9 millones de dólares aunque la medida fue desmentida luego por la Cancillería. La excusa de los chinos habría sido la existencia de un fungicida en la mercadería. Algunos dijeron, como para atenuar el impacto del descubrimiento, que posiblemente se habría tratado de restos de fungicida en el barco. Lo cierto es que luego de la desmentida oficial ya nadie se ocupó de seguir el caso aunque desde algunos sectores se reclamaba al SENASA mayor actividad para controlar y detectar el origen de este tipo de hechos que pueden afectar seriamente los mercados externos de la Argentina.
Con la nueva normativa china, la exportación hacia ese país enfrenta un alto riesgo de ser retenida o rechazada cuando ya está en puerto de descarga, generándose entonces incertidumbres y sobrecostos por mayores estadías del buque o por la necesidad de derivarla a otro destino.
«Otra norma restrictiva es el nuevo estándar para aceite crudo de soja y aceite de maní, el que genera también inconvenientes para las exportaciones argentinas», explicaba Granos del Paraná. «En ella no se determinaría en forma fehaciente el método analítico a aplicar para la determinación en destino, y lo más importante es que se reduce sensiblemente el nivel de tolerancia de residuo de solvente en el producto graso, algo que afecta la operatoria de nuestra industria aceitera que utiliza, como en la mayor parte del mundo, la tecnología de extracción por solvente. En los hechos, el estándar chino sería de aplicación para aceites semirrefinados, es decir con mayor valor que el 'crudo'».
La Argentina es el principal proveedor de aceite de soja a China, con 70% de sus compras anuales, seguido de Brasil con 30%. Por otra parte, las compras del país asiático en la Argentina comprendieron 1,04 millones de toneladas en el período enero-julio de 2004, cifra que representó 40% de las exportaciones totales del producto, indicó la consultora.
Se coincide en que el principal problema para las exportaciones argentinas surgiría si las autoridades chinas aplicaran en forma discrecionallas medidas restrictivas, según sus necesidades internas de abastecimiento, convirtiéndolas en paraarancelarias y generando una alta incertidumbre para nuestras ventas externas.
Los industriales aceiteros más grandes de China se han puesto de acuerdo junto a los principales importadores para renegociar los contratos de la materia prima, muchos de ellos acordados con valores de soja 35% más altos.
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