Muy ácido e irónico fue ayer Carlos Solchaga, ex ministro de Economía deEspaña, que llegó hasta la Argentina para hablar sobre la posibilidad deimplementar un blanqueo impositivo. El ex funcionario europeo, invitado por laBolsa de Comercio, presentó el plan que aplicó en su momento en España parablanquear capitales, basado en la obligación de comprar deuda pública ymantenerla seis años, y que posibilitó en su momento repatriar fondos por casidos puntos del PBI de ese país. Sin embargo dijo que éste no es el momentode implementar este tipo de ideas en la Argentina ya que fracasarían porqueeste país «hoy no atrae ni fiscal ni impositiva ni políticamente». Solchagarecomendó que, antes de un blanqueo, la Argentina necesita «una reformaimpositiva importante».
Más allá de este tema, el ex ministro se explayó largamente sobre lasituación económica de la Argentina. En obvia referencia a la visita queFernando de la Rúa hizo a España, y donde el Presidente obtuvo un amplio apoyode José María Aznar, Solchaga relativizó estos logros y dijo que hay quediferenciar lo que se dice «pública y diplomáticamente» que es muy distintodel momento de «donde se juega el dinero». Dijo que tanto dolarizar comodevaluar serían «una irresponsabilidad».
Solchaga habló ayer en Salón de Actos de la Bolsa de Comercio de BuenosAires, ante aproximadamente 200 personas, entre las que se encontraban JulioWhertein, Norberto Peruzzotti de ABA y Jorge Aguado del grupoSOCMA, entre otros. Concurrieron pocos economistas privados y ningún integrantedel equipo económico de José Luis Machinea.
Conceptos
Las principales declaraciones del Carlos Solchaga de ayer fueron lassiguientes:
En algún momento la presión fiscal e impositiva en España comenzó allegar a mucha gente. No sólo con el caso de Lola Flores y otros famososdefraudadores sino que se vio que los controles llegaban a todo el público.Pero esto no fue del todo efectivo. Sí lo fue cuando los españoles vieron quedesde el Estado comenzó una conciencia fiscal. Esto es prioritario antes dedecidir un blanqueo.
En los '90 implementamos el siguiente esquema. Los tenedores de dineroen «afros» (en negro) debían suscribir deuda pública a través de notas(títulos) no transferibles a otras personas. El vencimiento de esta colocaciónera a seis años.
Cuando terminaba ese lapso la persona no debía pagar impuestos porque sesuperaban los cinco años hacia atrás que puede investigar el fisco. A partir deallí el dinero estaba blanqueado sin delito fiscal y sin pagar moras. En totalse blanquearon dos puntos del PBI.
Esta idea se podría aplicar en la Argentina, pero no creo que seaexitosa si se la impulsa en estos días. Además, los blanqueos nodeben ser tomados como las soluciones completas a los problemas de la patria.
Hoy la situación fiscal, impositiva y política de la Argentina no atraeun blanqueo. El sistema impositivo es antiguo. El peso de la carga impositiva esregresiva. Los tributos caen más sobre las empresas que sobre las personas. Lanormativa es confusa. Hay muchas leyes -contradictorias-en vigor. No hay buenagestión tributaria. No existe una cuenta única por contribuyente y hay maloscontroles internos en los organismos recaudadores. Hay dificultades parafiscalizar y sancionar. En estas circunstancias es muy difícil que hayacontribuyentes dispuestos a pensar que éste puede ser el momento de blanquearcapitales. No recomiendo hacer nada antes de una reforma impositiva importante.
Se dice públicamente que se confía en la Alianza. Pero una cosa escuando se habla por hablar y por compromisos diplomáticos, y otra muy diferentecuando se juega el dinero. Allí corren otras cuestiones. La Argentina tiene unaeconomía sana pero con pocas probabilidades de crecimiento. Se pide antes quenada que las perspectivas políticas se aclaren.
La Argentina, con la convertibilidad, eligió atarse las manos yautoproponerse disciplina. Ningún régimen es eterno, pero hoy otra alternativasería una «irresponsabilidad».
Los que defienden la devaluación en la Argentina dicen que se mejoranlas exportaciones como si este país fuera Holanda donde esa variable representa60% del PBI. En la Argentina sólo se exporta 8%. Además es una economíaendeudada en dólares y con activos en pesos. Si se toma esa decisión, seguro seva a la quiebra.
Dolarizar sería hacer más de lo que hay ahora. Se pierde señoriaje y unapizca de soberanía. Pero el problema mayor sería otro. Los economistas quedefienden esta alternativa aseguran que con esto se alejarían las sospechas delos temerosos, y la peor noticia que puede dar la economía es ceder a lostemerosos. Un día después de haber perdido el miedo al tipo de cambio,comenzarán a temer por otra cosa y el problema seguirá. La diferencia es queluego de una dolarización ya no hay marcha atrás.
Devaluar y dolarizar sería el peor de los mundos. Se tomaría la rigidezde la dolarización con los costos de la devaluación.
Nadie piensa que los sistemas cambiarios sean eternos, pero lospolíticos tienen que saber que en el mundo de hoy la libertad de elegir en quémoneda estará el dinero de las personas nadie la podrá sacar.



