Si no fue la primera presentación pública de un alto funcionario ante empresarios, al menos ha sido una de las más concurridas e interesantes. En el Alvear, en uno de los almuerzos del CICYP que preside Julio Werthein -con asistencia más numerosa que con candidatos a la Presidencia hace pocos meses-, el vicepresidente Daniel Scioli habló y contestó preguntas. Música para los oídos de los presentes, entre los que se encontraban, aparte de un mundo de empresarios, el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, también otro ex ministro como Roberto Alemann y el ex embajador Arnaldo Musich.
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El discurso inicial de Scioli, al margen de narrar su experiencia personal como deportista, legislador y funcionario en Turismo y Deportes --emotiva exposición-, despertó más curiosidad cuando explicó su reciente viaje a los Estados Unidos. «Dijeron que teníamos problemas con los Estados Unidos. Bueno, yo viajé, hablé en el Council y demostramos en mi primer viaje que no hubo ni hay problemas. Lo mismo se demostró con la visita de Colin Powell. Yo fui a reforzar lo que dice el Presidente, sistema institucional, derechos humanos y libertad de prensa.»
Pasó luego el almuerzo, también la novedad de que Scioli bajó de una larga mesa que compartía con la cúpula del CICYP, con los nuevos altos mandos de las Fuerzas Armadas -toda una sorpresa para los presentes-y el titular de la AFIP, Alberto Abad, y mesa por mesa fue a saludar a todos los comensales. Un gesto apreciado, aunque más jugoso para la audiencia fueron sus respuestas a un núcleo de preguntas que se le hizo más tarde.
A propósito de los cuestionamientos o interrogantes que le plantearon en Nueva York, Scioli hizo una descripción en torno de la deuda externa y la compensación a los bancos, la obvia inquietud que pesa en el Council of Americas. Contestó de acuerdo con expresiones comunes del propio Kirchner y Roberto Lavagna. Luego de esto y en relación con otras dos preguntas, tuvo contestaciones que parecieron entusiasmar al auditorio, al menos para que finalmente lo aplaudieran con fervor.
«Lo dije en los Estados Unidos, lo repito acá y lo sostengo en cualquier lugar, el gobierno es uno solo y queremos dejar de lado el preconcepto de que las empresas multinacionales, nacionales o los bancos, locales o extranjeros, son los culpables de los problemas que tiene el país. Nosotros queremos despejar esa expresión», replicó en un cruce y lo volvió a repetir más adelante, seguramente convencido de que esas palabras satisfacían el ambiente. Por si no alcanzaba esa inquietud libreempresista -justo es admitir, tal vez en disidencia con lo que han expresado otros hombres del gobierno-, también logró adhesión cuando expuso por la cuestión de la inseguridad. «Sí, también en los Estados Unidos me preguntaron por la inseguridad jurídica y por la inseguridad personal. Yo quiero decirles que pensamos en que no puede hablarse de seguridad jurídica cuando no hay seguridad en las calles. Y, en ese sentido, estamos trabajando.» Pareció lúcido el concepto, pero ciertamente algún desvanecimiento de la teoría apareció cuando expuso que en el Senado había pedido reordenar toda la legislación disponible para hacerla más efectiva. Quizás la gente aguardaba algo más concreto, pero igual partieron entusiastas por el representante de un gobierno al que los empresarios todavía no conocen y no tienen en claro lo que pretende. Sólo falta saber si él es el auténtico intérprete de esa administración.
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