«La Argentina ha caído en la insignificancia por su propia culpa y, posiblemente, para siempre.» Esta dolorosa frase fue una más de las muchas que desde el mundo le dedican al país en los últimos meses. Su autor es Hans Tietmeyer, el ex presidente del Bundesbank (Banco Central de Alemania), influyente economista alemán que en julio comandó el grupo de notables que analizó la economía argentina para recomendar medidas para reformar el sistema financiero. Tres meses después de su visita a Buenos Aires, parece haber encontrado el diagnóstico y la definición del problema. Para el mundo, no es una opinión más. Probablemente, se trate de uno de los cinco economistas más respetados e influyentes del mundo, junto con el titular de la Reserva Federal de Estados Unidos, Alan Greenspan. Es reconocido por ser el principal diseñador de las finanzas europeas de la década pasada y por haber comandado con éxito la transformación del Bundesbank en los '90. Todo este prestigio decidió al titular del Fondo Monetario Internacional (FMI), Horst Köhler, y al gobierno argentino para que comande la misión técnica a Buenos Aires.
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La frase, publicada ayer por el diario alemán con sede en Berlín «Die Welt» («El Mundo») apareció en la tapa del suplemento económico de la edición nacional, además de ser uno de los títulos principales de la página de Internet. Se trata de un reportaje de aproximadamente 70 líneas, realizado por el periodista residente en Bonn Hildegard Stausberg, que tituló: «La Argentina cayó en la insignificancia». Es útil mencionar la forma en que lo dijo Tietmeyer. El periodista comenzó su entrevista consultando al financista sobre la situación en Brasil, dado que recién llegaba de un viaje por ese país. Luego de elogiar al presidente del Banco Central brasileño, Arminio Fraga, y comentar la situación general de la economía, dijo, sin que nadie le preguntara sobre la Argentina, que «el que meta a la Argentina y Brasil en la misma bolsa desconoce la realidad y tiene alguna intencionalidad», ya que la brasileña «es una de las 10 economías más importantes del mundo». Inmediatamente, vino la repregunta: «¿Y la Argentina?», lo que dio lugar a la respuesta seca y directa: «La Argentina ha caído en la insignificancia por su propia culpa y, posiblemente, para siempre (Argentinien hingegen ist in die Bedeutungslosigkeit abgerutscht; und zwar selbstverschuldet und warscheinlich für immer, en su idioma original)». Tietmeyer, sin más repreguntas, fue aún más allá y embistió contra la clase política, la misma con que se reunió entre el 21 y el 25 de julio pasado. «La clase política no está dispuesta a tomar las decisiones que se deben tomar. Los partidos están profundamente peleados, sobre todo el peronismo y, como consecuencia, el rumbo de la Nación queda en la oscurida d», dijo el alemán. Su análisis terminó con otra frase, esta vez dirigida a los inversores de todo el mundo y sobre la situación de América latina: «Ahora este continente depende del crecimiento de Brasil, México y Chile».
Luego, explica su visión sobre cómo llegó la Argentina a la situación actual, reflexionando sobre la tesis de que la clase política no tomó en su momento las decisiones de austeridad fiscal para mantener la convertibilidad. Después, comenta la medida de Adolfo Rodríguez Saá: «Irresponsablemente se festejó el default más importante de la historia dejando de pagar 135.000 millones de dólares de deuda» y «devaluando el peso y violando la propiedad privada y la confianza de los inversores».
• Pistas
Tietmeyer fue el principal impulsor de Horst Köhler como titular del FMI. Fue precisamente por pedido del director gerente del Fondo que Tietmeyer aceptó comandar el grupo de los cuatro notables que analizó en julio la situación de la economía argentina. Con él llegaron el 21 de ese mes el escocés Andrew Crockett, el inglés John Crow y el español Luis Angel Rojo.
En su estadía en Buenos Aires, dejó varias pistas sobre su consideración de un plan económico sustentable. Pidió en todas las reuniones que pudo que el Banco Central debía volver a ser lo que fue en las épocas de Pedro Pou.
Reclamó que inmediatamente comiencen las negociaciones con los acreedores externos. Dijo que sólo una política fiscal sana es lo que lleva al crecimiento. Rechazó de plano la dolarización como salida a la crisis. Pidió reglas más simples y menos regulaciones. Finalmente, en todo momento y a modo de ruego, pidió que la clase política muestre más coherencia, que se acerque al mundo y que dé señales de seriedad ante los mercados financieros y el FMI. Aparentemente, la demora en poner en práctica todos los puntos recomendados derivó en la frase que ayer dedicó al país.
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