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5 de mayo 2004 - 00:00

Todo listo para lanzar, el 11, la primera empresa K

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Julio De Vido

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De Vido y la síndico general adjunta de la Nación, su esposa, Alessandra Miniccelli, son los encargados de la estética y la liturgia: desde el reparto de las invitaciones hasta el diseño del logo que tendrá la nueva empresa.

Con esta firma se pondrá por primera vez en práctica una de las ideas rectoras del actual gobierno en el área de los servicios públicos: el principio por el cual la inversión debe ser privada y la conducción del negocio, pública. Hasta ahora esta noción sólo había alcanzado la forma administrativa de tímidos fondos fiduciarios, donde los empresarios aportan fondos y los funcionarios resuelven dónde aplicarlos. Así se imaginó para el negocio de las telecomunicaciones. Pero el campo de la energía será una etapa superior de esta forma de organizar el capital: se hablará abiertamente de «empresa» nacional.

Además de una compañía, el martes 11 se inaugurarán varias cosas más. Por ejemplo, un grupo de hombres de negocios familiares al poder. En la mayoría de los casos habría que agregar, «de nuevo». ¿O no cabe esa observación para Santiago Soldati? Todavía no le homologaron el concurso preventivo de Sociedad Comercial del Plata, cuyo 81% controla ahora Norberto Morita a través del Southern Cross Group, y Soldati ya vuelve a pisar las alfombras rojas que no abandonó bajo ningún gobierno por décadas, salvo durante el eclipse que le impusieron los quebrantos. ¿Se ubicará también a su lado, como si el tiempo no hubiera pasado, Carlos Bulgheroni? Enfrentado con el gobierno desde que Néstor Kirchner resolvió reanudar los juicios contra sus empresas (que Carlos Menem había enviado a arbitraje), el antiguo propietario de Bridas acaso encontró en la crisis energética la oportunidad de volver a los reflectores. Salvo la prehistoria del general Mosconi, sus nombres cubren casi toda la existencia del subsuelo nacional.

Al lado de estos paleooperadores del negocio petrolero,apadrinarán la nueva empresa figuras menos trajinadas. Una de ellas, Marcelo Mindlin, quien controla una posición importante en Transener, con su fondo Dolphin, se volverá a encontrar con sus incómodos socios de Petrobras en la operación de la compañía por crearse. Mindlin acompaña en estas horas a Kirchner en los Estados Unidos. Otro recién llegado al club es Francisco de Narváez, quien merodeará el negocio energético mientras invoca a los fantasmas de Perón y Evita, de nuevo en el redil de Eduardo Duhalde, para que la Comisión de Defensa de la Competencia no le otorgue Disco a Cencosud. Como sucederá, según parece.

Más involucrado que todos ellos estará Oscar Vicente. En el gobierno lo soñaron presidente de la nueva compañía. Pero si Raúl Alfonsín no consiguióque este «viejo Vizcacha» del petróleo mute a funcionario, menos lo logrará la actual administración, aunque lo cuente como uno de sus confidentes. Vicente tendrá responsabilidad especial en la empresa que se lanzará, ya que el emprendimiento específico para el que fue pensada es la ampliación del gasoducto San Martín. Pertenece a Transportadora General del Sur, compañía que este ejecutivo compró al Estado para Pérez Companc en los '90, que esa firma vendió a la brasileña Petrobras (con Vicente incorporado) y que ahora volverá, siquiera parcialmente, a la responsabilidad del Estado, en un círculo de 12 años que sólo en el contexto de la historia argentina se vuelve comprensible. La ampliación del gasoducto patagónico competirá por fondos públicos con la creación del que Techint tiene planeado para importar gas de la convulsionada Bolivia.



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