Para ser sinceros, hay que reconocer que la rueda de ayer sorprendió a más de uno. ¿Podemos decir entonces que el esperado "rally de Santa Claus" se dio de bruces por tierra? La prudencia indica que no, que lo perdido es aún demasiado marginal (el Dow cerró el martes en 10.888,16 puntos, apenas 0,02% debajo del último valor del lunes) como para sacar cualquier conclusión. Mientras tanto podemos revisar lo que subyace tras los grandes números. En primer lugar, la confianza de los consumidores que creció inesperadamente al punto más alto de los dos últimos años; luego las ventas de nuevas casas que durante octubre registraron un no previsto aumento a cerca de 1.420.000 unidades rompiendo todas las marcas históricas; finalmente, las órdenes de bienes durables, las que luego de caer 2% en setiembre treparon 3,4% el último mes. Se puede argumentar que la suma de estos tres datos mostraron un "mundo demasiado perfecto" donde no quedan dudas sobre la expansión de la economía. Esto habría sido para algunos, lo que llevó a que los bonos del Tesoro terminaran en baja, llevando la tasa a 4,484%, lo que a su vez habría generado cierto temor entre los inversores a que la Fed decida continuar con su actual política de incremento del costo del dinero. En este escenario poco importó la nueva baja del petróleo a u$s 56,5 por barril, o la renovada fortaleza del dólar que trepó a 119,6 yenes y u$s 1,1753 por euro. Como se ve, una explicación que parecería cerrar además de ser muy bonita. La duda es, entonces, por qué el oro trepó a u$s 499,1 la onza, tras haber tocado en Asia los u$s 500 por primera vez desde 1987.
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