15 de noviembre 2001 - 00:00

Tres puntos básicos

Un clásico argentino en tiempos de crisis son los políticos cargando las tintas sobre los «malos planes económicos» y los economistas culpando de todo a la «irresponsabilidad» de los políticos. La verdad es que en todo este tiempo ha habido un poco de las dos cosas: los políticos juegan al límite, hacen finalmente lo que tienen que hacer por miedo al fin del mundo, pero en el ínterin tiran de la cuerda y buscan llevar la mayor cantidad de agua (recursos y votos) para su molino, mientras que los economistas, aún los que no hemos tenido funciones oficiales, no hemos terminado de plasmar un diagnóstico concreto y propuesta certera y viable que quiebre tres años y pico de recesión.

En la era del actual gobierno la economía y la política aportaron demasiada incertidumbre para un panorama económico que venía cuesta abajo desde fines de 1998. La política de la economía la inició un equipo que no pudo con sus pecados pasados, siguió con un inocente plan tejido en silencio que murió antes de nacer y arrancó la actual etapa con un diagnóstico productivista pero que subestimó a los mercados de capitales.

• Déficit cero

A partir de ahí, la realidad impuso la regla fiscal de déficit cero con recortes en todos sus componentes: salarios, jubilaciones, provincias e intereses. Simultáneamente, la política deambuló entre un ejecutivo dubitativo, heterogéneo y con baja capacidad de implementación, gobernadores tensando permanentemente la cuerda hasta el momento de tener que pagar los sueldos y legisladores al ritmo de oficialistas peleados y oposición entre internas y sin poder mostrarse como «más oficialista que el propio oficialismo».

Claramente este «estilo de vida» ha tenido y tendrá costos fenomenales. En emergencia económica, hay tres preceptos básicos.

El primero
es que es indispensable una comunión mínima entre política y economía a prueba de fundamentalistas. Ante un accidente, es preferible que la ambulancia llegue unos minutos más tarde a que no llegue nunca.

El segundo es que el timing es muy importante. No es lo mismo que la ambulancia llegue apenas unos minutos tarde a que lo haga una hora después cuando el herido perdió «litros» de sangre.

El tercero
es que no se pueden repetir errores. La ambulancia no puede llegar tarde por embotellarse siempre en la misma calle. Hay claros ejemplos que sirven para la emergencia actual: en el frustrado intento de López Murphy tras dos semanas de silencio al final la ambulancia nunca llegó. Durante el proceso de aprobación de la ley de déficit cero la ambulancia llegó pero tarde. ¿Por qué son buenos ejemplos? Con el intento de López Murphy, se fueron u$s 5.700 millones de depósitos (entre las punta de febrero y marzo). Con la experiencia y cronología de la ley de déficit cero, el 9 de julio pasado De la Rúa y Cavallo se vieron obligados a anunciarla. En su origen, era una medida muy dolorosa: gastar sólo lo que se recauda; los únicos privilegiados eran las provincias, los tenedores de bonos y los jubilados y empleados públicos con sueldos menores a $ 300. Llevó una semana sacarles la firma a los gobernadores y el «calvario» por el Congreso recién finalizó el 30 de julio. Después de una desgastante negociación, se terminó ratificando el decreto en la mayoría de su contenido. Fueron tres semanas de alta tensión en que se fueron u$s 8.500 millones de depósitos y la tasa de interés se fue a las nubes.

El aporte político de suavizar el recorte de gasto terminó costando muy caro. La corrida bancaria secó la economía (el herido, aunque no se murió se desangró antes que llegue la ambulancia). Se cortó la cadena de pagos, se derrumbó la actividad económica y la recaudación del bimestre setiembre-octubre se fue a pique.

Un remedio de esta manera termina siendo peor que la enfermedad. Al final, la contaminación llegó a las transferencias a las provincias (que fuerza un nuevo acuerdo) y a los tenedores de bonos locales y extranjeros (que obliga y aspira a ponerle letra a la «música O'Neill» y hacer de la Argentina la México 1992 del plan Brady).

• Imprescindible

En 2001, con el marco político-económico vigente y siguiendo los tres preceptos, ya una vez la ambulancia se estrelló en el camino y otra vez llegó tarde. Dado los últimos acontecimientos es imprescindible ahora que el nuevo plan no se embotelle en la misma calle. Hay una oferta de canje de deuda en marcha y una negociación política que tiene que darle soporte fiscal. Esto es, hacer que 2001 fiscal cierre lo más cerca posible de las metas, armar un presupuesto 2002 equilibrado, viable y creíble y definir un marco de coparticipación federal de impuestos acorde a la emergencia.

Estamos frente a una ingeniería compleja que se construye sobre «campo minado». Hay minas instaladas en todo el terreno:

i) la de mayor poder expansivo, la evolución de los depósitos que están sintiendo el cimbronazo aunque por ahora resisten;

ii) una muy cercana, cómo se cubren las necesidades financieras del Tesoro del último bimestre si se cae el acuerdo con el FMI y el tramo de u$s 1200 millones;

iii) la pata del apoyo externo, que todavía no aparece. El acuerdo fiscal Nación-provincias y el rol del Congreso no pueden convertirse en piedras en el camino, deben actuar como detectores antiminas. Es momento que política y economía caminen juntas hacia un mismo objetivo. Adoptar decisiones correctas, pero llegando a momentos límite y fuera de tiempo puede ser fatal para todo el mundo.

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