30 de mayo 2001 - 00:00

UIA: documento demagógico pero sin propuestas realistas

La Unión Industrial Argentina (UIA), separada de su ala más liberal, el Movimiento Industrial Argentino (MIA), presentó ayer, en parte inspirada por las «Bases» de Juan Bautista Alberdi, sus propias «Bases para refundar la Nación». En seis carillas, incluida la carátula, la UIA intentó impulsar un acuerdo político para la reactivación del país y trazó tres líneas demagógicas para lograrlo: «poner fin al hambre», «una Justicia integralmente seria» (el único punto verdaderamente importante) y «una drástica disminución de los costos económicos del ejercicio de la política».

La discordia del proyecto fue encarnada por el MIA, que directamente se negó a discutirlo y no asistió a la reunión de junta directiva que finalmente lo aprobó, ni a la conferencia de prensa de ayer. Por eso, José Ignacio De Mendiguren, presidente de la UIA, estuvo rodeado sólo por los integrantes de la junta directiva que responden a su corriente interna, el Movimiento Industrial Nacional (MIN), más ligado a los sectores industrialistas y a las empresas nacionales.

Los principales integrantes del MIA, Alberto Alvarez Gaiani, Osvaldo Rial y Diego Videla, aseguraron que se enteraron del documento por los medios. De ese repentino contacto con el texto, el MIA expresó su preocupación por las primeras líneas introductorias que aseguran que «la democracia peligra como ideal de la sociedad argentina».

El otro disgustado, el secretario e la Presidencia de la Nación, Nicolás Gallo, rechazó el documento al considerar « excesiva» la alusión al hambre, entre otros puntos críticos. Ante esta posición, De Mendiguren explicó que «seguramente no había leído el documento» y agregó que la UIA lo conversó con el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo, y la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich. Para empezar la conferencia, De Mendiguren aseguró que «la gente necesita propuestas concretas para la recuperación de la Argentina, necesita algo inédito». Los presentes, al mismo tiempo revisaron la esbelta copia del recién lanzado documento para encontrarlas. Más que un documento, parecía un pasaporte al bronce.

Todo parecía indicar que en la reunión de ayer se iban a ampliar las irreales propuestas, positivas, aunque sumergidas en una retórica peleada de lo pragmático y amiga de los lugares comunes. Quizás, quien las redactó imaginó ser un prócer.

En la presentación de ayer, las ideas propuestas quedaron viudas de un auténtico mecanismo para ejecutarlas y, las más concretas, se pusieron en la mesa sin demasiadas extensiones.

«La democracia peligra como ideal de la sociedad argentina (...), ella no ha sabido reconciliar la ética con la eficiencia»,
dice solemne el escrito en su introducción que evaluó con entusiasmo la Iglesia, ayer también, cuando tuvo acceso al documento con el objetivo de «dar el marco moral», según indicó De Mendiguren.

• Costos políticos

Hoy, en una cena que mantendrán con Fernando de la Rúa, exclusivamente para hablar de «las Bases», el documento tendrá otro «marco».

Lo más destacable del pobre trabajo apunta a la disminución de los costos políticos, algo en lo que no fueron originales.
«Se trata de ajustar los gastos a una realidad en la cual los privilegios y el derroche lindan con la peor irresponsabilidad de todos nosotros», explica «las Bases». Y en cuanto a los otros puntos -la Justicia y la pobreza- no dejan de ser meras intenciones a las que nadie se puede oponer. Por caso, dicen que para la Justicia «existen muchos jueces esforzados y honestos, pero nuestro país necesita una Justicia integralmente seria, intachable y auténtica»; y en cuanto a la pobreza, «la Argentina tiene que luchar por la eliminación gradual de la pobreza, pero no puede aceptar que haya hambre entre su gente, que cunda la desocupación como un hecho sin remedio», dice el documento, cuyo texto suena culposo, como si necesitaran justificar sensibilidad.

La explicación esperada, una vez presentados los ideales y los problemas, es cómo llegar a los primeros y cómo solucionar los segundos, argumento que parece haberse olvidado en la base de «las bases».

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