La primera rueda de la semana finalmente no desilusionó a los que se confiaron en que la tradición podría más que cualquier mala noticia que pudiera surgir. Y surgir, surgieron. En primer lugar, una nueva suba del precio del petróleo, a u$s 59,59 por barril, amenazando otra vez con romper los máximos históricos (el huracán Cindy hizo que se cerrara el principal puerto petrolero del país en el Golfo de México). Luego, el costo del dinero que trepó para los bonos del Tesoro de 10 años a 4,1% (desde el Banco Central Europeo deslizaron que en lugar de "aflojar" la tasa, el próximo movimiento será al alza. Esto disparó una venta masiva de títulos europeos y la compra de bonos dolarizados, lo que, a su vez, llevó a que el euro tocara u$s 1,1866, un nuevo mínimo para 13 meses, antes de recuperarse hacia el cierre), algo que a esta altura y con las inconsistencias que se ven en la curva de tasas ya no se sabe si esto es una buena o una mala noticia. Claro que también hubo de las buenas, pero mucho menos gravitantes. Mientras algunos achacaban el optimismo bursátil al incremento de las órdenes a fábrica, lo que se soslayaba era que fue la demanda de aeronaves el ítem más significativo. Un poco más significativo, aunque discutible por su efecto sobre el mercado en general, fue el anuncio de que las ventas de junio de Wal-Mart superaban las previsiones. Con el sector energético liderando las subas con 2,5%, seguido por el tecnológico, salud y el financiero, es claro que el 0,66% que ganó ayer el Dow cerrando en 10.371,8 puntos fue por razones más poderosas que Wal-Mart o las órdenes a fábrica.
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