23 de julio 2003 - 00:00

Un informe secreto alentó giro a favor de empresarios

Kirchner aprende rápido, o insiste en acumular fuerza haciendo alarde de arbitrariedad. Anoche, al desembarcar en la base Andrews del estado de Maryland -«home of the Air Force One», según las guías turísticas- terminó de explicar el ánimo con el cual encarará su primera visita a Washington y NuevaYork (su experiencia en ese país se limitaba hasta ahora al estado de la Florida):

1) «Vengo -le escucharon sus acompañantes- a buscar el apoyo de Bush para el acuerdo con el FMI; lo quiero ya mismo.»

2) «Quiero entrevistarme con los empresarios y escuchar lo que quieran decirme. Esos son empresarios de verdad, no los europeos que hicieron tantos negocios con la Argentina de Menem.»

3) «Voy a hablar de terrorismo y de derechos humanos, esa es mi bandera, es lo que quieren escuchar y con eso vamos a destrabar la economía.»

Entre quienes atendían a eso hubo de dos tipos: los que festejan con fruición el estilo presidencial (su cónyuge Cristina Fernández) y los preocupados con tanta frivolidad en el manejo del discurso ( Roberto Lavagna, Eduardo Camaño), pero apostando a que la fórmula al final funcione, o que haga el menor daño posible.

Otro, el jefe de Gabinete,Alberto Fernández, festejó estar en el avión y haberse convertido en las 48 horas anteriores a la partida en el gerente principal de la visita a George W. Bush. La improvisación a que obligó este viaje decidido y comunicado entre gallos y medianoche puso más al descubierto la inexperiencia del gobierno en materia internacional.

Lo prueba un dato anecdótico y por eso revelador: el presidente descubrió el jet-lag (efecto en la personalidad de los viajes intercontinentales) y por eso adelantó la partida para ayer a las 10.
«Quiero dormir bien antes de la reunión; si viajo de noche llego molido», le indicó a sus edecanes.

Por eso vale tanto la charla que mantuvo el lunes
Alberto Fernández con Kirchner cuando el jefe de Gabinete le relató una larga reunión de la semana pasada -mientras el Presidente estaba en Europa- con el ex embajador de los EE.UU. Manuel Rocha.

De ese encuentro
A. Fernández levantó una carpeta completa sobre lo que podría esperarse de la cumbre Kirchner-Bush.

Rocha fue el encargado de negocios de la embajada de su país en BuenosAires entre 1997 y 2000 y se desempeña hoy como experto en comercio internacional y relaciones con gobiernos de la firma de abogados
Steel Hector & Davis con sede en Miami.Tiene además un cargo en la organización de la cumbre de presidentes de noviembre próximo, que se hará en esa ciudad pero dice no representar a su gobierno.

Quienes escucharon sus exposiciones en Buenos Aires sobre las relaciones con los EE.UU. creyeron, sin embargo, estar oyendo un mensaje casi oficial.

¿Qué retuvo Kirchner de la exposición del jefe de Gabinete que lo decidió a subir al funcionario al avión?
Primero, que Estados Unidos no espera nada de la Argentina en ninguna de las materias en las que los gobiernos se creen obligados. En cuando a Cuba y Venezuela, Washington no pide más que esperar soluciones que surjan de dentro de esos países. Lo mismo en cuanto a Colombia.

• Tratamiento

En materia económica, el deseo de Washington es que el Presidente no repita los bloopers ante empresarios de España y Francia. «Han tomado nota del tratamiento que les diste a los españoles», le puntualizó A. Fernández al Presidente.

En cuanto al discurso, desde Washington ven a Kirchner como un presidente cercado por un entorno de izquierda que puede sesgar su gestión entre tres opciones, Chávez, Lula o Lagos.
«Creen -dice el resumen del jefe de Gabinete para uso del Presidente- que si entendemos lo que pasa en el mundo hoy, algo vamos a tomar de Lagos o de Lula; si no entendemos nada, vamos a seguir a Chávez.»

¿De Castro dicen algo? No toman en serio esa opción para la Argentina, pero les gustaría que el país volviese al voto de condena a la violaciones de derechos humanos en la isla.

¿Dejaron algún consejo? Que miremos hacia México y Chile, los dos únicos países que han hecho algo por los pobres en el continente. Que contratemos a los negociadores de Salinas de Gortari del acuerdo con EE.UU., que lograron que en México se hayan levantado a 30 millones de personas que estaban bajo la línea de pobreza tras el acuerdo NAFTA.

En cuanto a seguridad y derechos humanos, cualquier aporte que pueda hacer laArgentina lo hará desde un gobierno que apenas puede controlar lo que pasa dentro de sus fronteras. Mal podría aportar algo contundente más que declaraciones. El ejemplo que le transmitió
Fernández a Kirchner es clarificador: la Argentina ha tenido que recurrir a servicios de espionaje extranjeros, no ya para la pesquisa sino para contar con traductores de persa y farsi que puedan leer los documentos de la investigación.

En la noche del lunes A. Fernández ya tenía pasaje para Washington como el principal baqueano del viaje presidencial, algo que probó el propio
Kirchner con sus tres argumentos desarrollados en el avión:

1) Dejar el tema económico para un segundo round, cuando Estados Unidos haya entendido el compromiso de Buenos Aires con la guerra contra el terrorismo, un eufemismo para decir que no habrá críticas a la cruzada sobre Irak. Eso explica las declaraciones de
Rafael Bielsa en Madrid apoyando ese rumbo y el lugar central que tiene la visita al Ground Zero mañana en Nueva York. También explica el énfasis en la apertura de archivos policiales sobre nazis y atentados a la Embajada de Israel y la mutual AMIA, que además proyectan luz -pretende el gobierno- sobre otras violaciones de los derechos humanos.

2) Darle relieve a las entrevistas con empresarios para cultivar la leyenda de que las privatizaciones menemistas eligieron a gobiernos europeos como socios de un proceso que intenta revisar ahora desde el Congreso. Exaltará el capitalismo de riesgo de estos ejecutivos que le darán de comer en el Council of the Americas que, cree, en los '90 merecieron una oportunidad en la Argentina. Esta leyenda le servirá al Presidente para montar un escenario pacífico muy distinto al de Madrid y París, omitiendo que Estados Unidos acompañó los negocios criollos en los '90 con emprendimientos como los de IBM o las suculentas inversiones en gas, electricidad y petróleo.

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