De no ser porque la experiencia indica que cuando enfrentamos un mercado como el que estamos viviendo/sufriendo, ni siquiera los intermediarios salen ganando, casi podríamos reírnos por lo que está sucediendo. Con la de ayer ya contamos nueve sesiones consecutivas en las que, como si las razones no importasen, el mercado ha entrado en un juego en el que cae un día para subir al otro, sólo para volver a caer y luego subir. El saldo, tras la pérdida de 1,26% que experimentaron el jueves las blue chips al cerrar en 10.070,37 puntos, es el que un niño de pecho supondría (pero tal vez no algún avezado inversor): un mercado que casi ni se ha movido. Ello no sería más que una anécdota, de no ser porque la historia sindica al corriente mes como uno de los más positivos del año, pero ya está claro que con apenas la sesión de hoy para "cerrar libros", esta vez no será así, visto que el Dow acumula una pérdida de 4,13%. Así como en la sesión anterior el argumento para explicar por qué subía el mercado se relacionaba con datos que hablaban de una economía en expansión y menores temores inflacionarios, esta vez se esgrimió el mismo argumento, pero dado vuelta: el mercado bajó ante temores a una economía que se frena (el Departamento de Comercio informó el menor crecimiento en dos años) e inflación creciente (el deflactor en cadena creció muy por encima de lo esperado). ¿Que esto luce poco serio? Cada quien debe sacar sus conclusiones. Lo cierto es que el de ayer fue el día en que ingresaron más balances al mercado y la mayoría de éstos (24 de los 39 integrantes del S&P 500), como ha venido sucediendo, superó las expectativas de ganancias.
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