24 de junio 2005 - 00:00

Un viejo banco recupera la marca de familia fundadora

«Para ustedes es una marca, pero para mí es mi apellido y el de mi familia.» Esta fue una de las resistencias que debió enfrentar el «management» del Banex para proceder al cambio de marca de su controlada Banco Societé Generale. La objeción venía de una fuente difícil de contradecir: Patricio Supervielle, presidente y principal accionista del Banex y del Societé Generale (SG). Sin embargo, un estudio demostró que la marca elegida aún estaba presente en grandes franjas de la población, y por eso a partir del lunes el Societé Generale pasará a llamarse Banco Supervielle. La marca era la que tuvo la entidad desde su creación, a fines del siglo XIX, hasta su compra por parte de los franceses de SG en 1964; durante muchos años, se llamó Banco Supervielle Societé Generale; de ahí el nivel de recordación, seguramente.

«Llegamos al límite convenido con los franceses para usar su marca, por eso el cambio. De todos modos, mantendremos los colores y todo lo que nos caracteriza»,
dice Gabriel Cocquignot, gerente general tanto del Banex (el ex Banco Exprinter) como del Supervielle. De todos modos, dadas las huelgas que asuelan a la IGJ, el cambio de nombre -aprobado por el Banco Central-aún no se ha oficializado. El banquero aclara también que «por ahora no está previsto fusionar a los dos bancos, aunque sí integrarlos para ahorrar costos». Explica que esto se debe a la fuerte segmentación: el Banex es a la vez «el banco de los jubilados» y el agente financiero del gobierno de San Luis; por su parte, el ex SG es una entidad dedicada a las pymes, los individuos, los profesionales.

«Creemos que hay un gran potencial en sectores como los empleados no registrados, la gente con trabajo informal, etcétera. Todos los bancos siempre apuntan al mismo segmento: 20% ya bancarizado. En Brasil, que tiene 90% de bancarización, el Bradesco, por caso, atiende a toda la población según sus posibilidades y necesidades»,
dice Supervielle.

Ambos banqueros enfatizan que son «un banco de 180 días», lo que significa que todo préstamo que exceda ese plazo es securitizado y vendido a inversores institucionales (AFJP, por caso). «Es verdad que esto puede encarecer un poco la cuota del crédito, pero también lo es que mucha gente no podría acceder de ninguna otra manera a préstamos personales. El Banco Hipotecario ya lo hace, y le va bien», admite Supervielle. Cocquignot agrega casi una rareza.

«Cuando la ANSeS dejó de pagar comisiones por el pago a jubilados, muchos bancos los 'devolvieron'. Nosotros tomamos todos los que pudimos, y hoy le pagamos a 450.000 (30% del mercado). Lo hicimos porque son una enorme fuente de negocios, porque muchas veces esa jubilación -aunque sea la mínima- es el único ingreso 'blanco' de ese grupo familiar, y tenemos el caso de gente de 75 años comprando una moto (en realidad, es para el nieto que quiere poner un reparto de pizza, por ejemplo).»


La entidad está sexta en depósitos entre los privados (16ª en total), tiene unas ochenta y dos sucursales (sesenta el Banex) y proyecta para 2005 una pérdida cercana a los $ 11.000.000, aunque Cocquignot asegura: «El último trimestre tuvimos utilidades operativas, y esperamos seguir así».

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