2 de marzo 2001 - 00:00

Una Bolsa en la montaña rusa

No es probable encontrar en el historial bursátil un inicio de año como éste. Sin mediar hechos fuera de los normales, se trepó de modo increíble en un mes, para luego precipitarse a renglón seguido. En el total, quedó ligera diferencia de 4%, como si nada hubiera sucedido. ¿Movimiento fallido? ¿Señales que no se confirmaron? Un ida y vuelta sin volumen y con contentos, amargados, heridos o salvados...

Una Bolsa en la montaña rusa
Lo que debía resultar un crucero de felicidad inesperada, durante el verano porteño, se convirtió de pronto en una tragedia bursátil. Y de la foto colorida y el gráfico alegre, debió mudarse al gesto adusto y el recuento de pérdidas. De cazadores a cazados, de grandes intuitivos a víctimas del vuelco. Todo esto le sucedió a quien siguió con el «tour» completo, que partió del puerto bursátil de Buenos Aires en enero, con marca base de «416» puntos Merval y retornó, a fin de febrero, con «435» mustios puntos.

Entre puntas, todavía una pequeña utilidad, pero, ¿por qué este viaje de ida y vuelta da para el asombro?

SORPRESA Y MEDIA

En la primera semana de enero, el índice saltaba de «416» a «464» puntos, generando asombro por la velocidad de subida y la firmeza en el mercado. Al son de una inesperada baja de tasas propiciada por la Fed en Estados Unidos, y al amparo de un «blindaje» que parecía dispersar jarabe para todos los males internos, la plaza tomó el centro de la escena y se puso al frente de todos los mercados. En la segunda semana se agregó condimento, con el volumen, llegando a los picos máximos de arriba de $ 40 millones de efectivo (que después sólo se vería esporádicamente). El Merval tocaba los «500» puntos en una quincena y se llegaría al volumen máximo en la tercera etapa, con $ 47 millones del día 18: quizás una rueda «bisagra» que sería superada una sola vez, aunque los precios siguieron un poco más. El máximo de cierre en el mes fue de «539» puntos y esto colocaba a sólo un paso una realidad poco imaginada: cubrir toda la pérdida del año 2000 en solamente un mes. Llegando a los «550» puntos se lograba esa meta. Junto con el máximo en precios vino el máximo en volumen, $ 51 millones, y a partir de allí puede decirse que todo pasaba a ser más vendedor que tomador, aunque difícil de advertir por los que llegaban tarde a la fiesta. Resultado de enero: suba de 28% en el ponderado Merval y varios casos con ganancias muy superiores al promedio.

FEBRERO DE LLANTOS


Llegaba el momento de consolidar lo logrado, antes de pensar en nuevas alzas, y esto no era tarea fácil. Un peligro interior acechaba al movimiento, que estaba bajo la lupa de todas las carteras por las utilidades acumuladas en enero. La concentración de los papeles, careciendo de atomización y base popular, dejaba pendiente que si algún fondo decidía salir a tomar la diferencia podría hacer tambalear todo lo demás. Y febrero fue bajista desde sus inicios, cayendo a «504» en su primera semana, con volúmenes que sólo un par de veces subieron de los $ 30 millones. Cierta resistencia al inicio logró amesetar la baja, aunque después se precipitó todo acumulando caída de cuatro a cinco por ciento en las semanas siguientes. Dos feroces apariciones vendedoras, sobre Pérez Companc y el Grupo Galicia, generaron el quiebre del orden de la oferta y se terminó saliendo como se pudiera y -lo peor- sin saberse los porqués del movimiento en suba y su destrucción total.

CRISIS & CRISIS

Se pudo advertir en los indicadores que hubo una doble crisis detrás del viaje fantástico de enero y febrero: primero, una «crisis de oferta» en la subida y que no soltaba papeles por más que se siguiera hacia arriba. Esto conseguía que sin apuntalar con mucho volumen se llegara a picos notables. Le sucedió una «crisis de demanda», la desaparición del comprador a esos niveles. Después ausente también más abajo, y con el surgimiento de un desarme de cartera voluminosa sobre dos papeles clave, se produjo la deserción desorganizada y sin límite. Todo el escenario resultó, de paso, una frustración de las señales que se jugaban como «a favor» en enero, partiendo desde una Wall Street desesperada por más baja de tasas, siguiendo por conflictos de todo orden en lo local, y dejando al descubierto que la recesión seguía en pie. Turquía agregó un condimento que sazona a todos los emergentes de mal modo, y el resto lo hizo la propia «exuberancia» descontrolada en el primer mes, que se expuso al descreme de utilidad sin miramientos. De ganar 28%, a perder 18%, un bimestre de los que ahuyentan inversores racionales y atraen al amante del vértigo y el azar.

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