Valor agregado
(El ministro de Educación, Daniel Filmus, dialoga con Ambito Financiero sobre el papel de las empresas en la educación. Asegura que recibe a un grupo empresario o a una cámara por día «simplemente porque no tengo tiempo para recibir a más». «No puede ser una política social sino de desarrollo: no sirve que a las escuelas vayan los chicos a comer si no se capacitan también para el futuro», aseguró el ministro.)
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Daniel Filmus: Principalmente la falta de mano de obra calificada, que es una consecuencia de la falta de escuelas técnicas.
P.: ¿Pero faltan escuelas técnicas o la gente no manda a sus chicos a esas escuelas porque dejaron de ser un aspiracional válido? Parecería que nadie quiere ser tornero o electricista.
D.F.: Es un tema complejo, pero es fundamental recrear en la población la vocación por esa clase de educación: hoy, repito, las empresas que están incrementando su producción penan por la falta de técnicos calificados.
P.: ¿Por qué, entonces, salvo la ORT, no hay escuelas técnicas privadas? Si hubiera una demanda, surgiría la oferta...
D.F.: Primero porque una escuela técnica cuesta el doble que un bachillerato (levantarla y mantenerla). Antes había escuelas mantenidas por empresas, que desaparecieron porque esas empresas decidieron que no les convenía.
P.: ¿Qué están dispuestos a hacer los empresarios para mejorar la educación, en función de sus necesidades?
D.F.: Me dicen, y creo que es cierto, que les faltan profesionales en ciertas áreas. Por caso, en el sector textil se necesitan hoy unos 30 ingenieros textiles por año, y están egresando apenas tres; estamos estudiando un sistema de pasantías y treinta becas para favorecer esta orientación. También Paolo Rocca, CEO del Grupo Techint, me dijo que el país necesitaba unos 100 ingenieros por año. La Cámara del Girasol está aportando $ 650.000 para investigaciones biogenéticas para mejorar la semilla... El ministerio tiene un programa por el que se va a financiar el patentamiento de inventos argentinos en Estados Unidos -que puede llegar a costar u$s 60.000- a cambio de la participación en futuras utilidades. Los ejemplos, por suerte, son cada vez más numerosos.
P.: O sea que hay una especie de conciencia en el empresariado de que sin educación no hay desarrollo...
D.F.: Afortunadamente es así. Fíjese que hay un laboratorio que tiene una vaca clonada que produce la hormona del crecimiento. Una vaca común cuesta en el mercado unos u$s 250; esta vaca produce exportaciones por u$s 6 millones anuales. Durante muchos años se creyó aquí que se puede ser competitivo sólo en productos sin valor agregado, como el agro, la ganadería, la minería. Hoy está sucediendo con la soja, pero es una visión errada y de corto plazo: la competitividad es algo sistémico. Siempre pongo este ejemplo: ¿cuánto cuesta un kilo de soja? ¿Y cuánto un kilo de satélite? La Argentina está haciendo importantes avances en tecnología que la harán más competitiva.
D.F.: Para seleccionar una elite hay que partir de una plataforma amplia. Si sólo la mitad de los ingresantes terminan el secundario, es más difícil. Algunos hoy van a la escuela a despiojarse o a comer: la matrícula crece por eso, pero no quiere decir que crezca la calidad educativa.



