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26 de enero 2004 - 00:00

Viaje clave a España

El presidente Kirchner parte hoy hacia España en un viaje que planificó como participación en una feria de turismo al efecto de aumentarlo en lo posible hacia la Argentina. La realidad podría ser una nueva etapa del Presidente: modificar la política de confrontación que hasta ahora caracterizó su gestión, en lo interno y en lo externo. No va a entrevistarse con todos los empresarios hispanos, a los que el año pasado desairó casi con rudeza. Sólo con algunos, los más proclives. Desde ya, con la gente de Repsol YPF, que ejerce fuerte gravitación sobre Kirchner por la relación elaborada en Santa Cruz. También recibirá a representantes de los bancos Santander Central Hispano y Bilbao Vizcaya, de Endesa (que controla Edesur) y Telefónica. Sin embargo, quizá lo principal sea lo que Kirchner no previó al planear el viaje, pero de lo que ya está enterado: los españoles quieren oírlo de nuevo antes de decidir si mantienen las posiciones empresariales en la Argentina -que requieren nuevasinversiones-o si se quedan como están aquí, seguros en petróleo, y se centran en el pujante Brasil de Lula Da Silva. Brasil hoy no ofrece dudas, la Argentina sí. Por eso es clave para los años venideros en el desarrollo nacional la impresión que en definitiva vaya a dejar Néstor Kirchner.

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W. Bush. La última vez que entrevistó a George W. Bush, hace dos semanas en Monterrey, Kirchner sacó de la galera un viaje a Madrid, con la excusa de participar de una Feria de Turismo. En la Cancillería, igual que en la Casa Rosada, imputan a la casualidad este juego a uno y otro lado del Atlántico. «A la feria de Madrid iba a ir de regreso del viaje a Suiza y a Suecia. Es cierto que suspendió estos destinos pero mantuvo el de España. Nada de raro», explicó un diplomático que estuvo entre los organizadores del traslado.



En efecto, para un gobierno inclinado hacia la izquierda, con afinidades incomprensibles con la dictadura de Fidel Castro, que coquetea con Hugo Chávez y se emociona con el cocalero Evo Morales, la aproximación a Bush y a Aznar con un plazo de 15 días puede ser vista como un gesto hacia el centro y la moderación capaz de halagar a sus críticos. ¿Quién duda de que Bush y Aznar son hoy la combinación más expresiva de la ortodoxia capitalista llevada al terreno militar a partir de la invasión a Irak? Si quiere promediar aquella imagen izquierdoide, Kirchner no podría haber elegido un par de fotos mejores.

Pero hay otra razón, que no tiene que ver con la estética sino con las «efectividades conducentes», como diría Hipólito Yrigoyen, para comprender el viaje que el Presidente (por la jerarquía de quienes lo emprenden habría que decir «el gobierno») inicia hoy por la tarde. Kirchner y los suyos viajan a Madrid para cerrar una de las dos cuestiones que distancian a la Argentina de la comunidad internacional de negocios y, sobre todo, del Fondo Monetario Internacional. Es el pleito por las tarifas de los servicios públicos.

Encapsulado en una intransigencia que lo aleja cada día más de la negociación en materia de deuda pública, la administración no puede también tensar la cuerda en su relación con los inversores privados, de los cuales la mayor parte son españoles cuando se trata de servicios públicos. La cuestión de las tarifas, hay que recordarlo, es una de las condiciones que mantuvo el Fondo Monetario Internacional para renovar la refinanciación de los vencimientos argentinos.



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