Como la rueda no resultó para nada buena en el concierto mundial, y un estrepitoso y nuevo sacudón correctivo para las «burbujas» de Wall Street, Buenos Aires pudo pasar desapercibida, mimetizada, en el rojo general. A tal punto que los buscadores de señales positivas advertían que lo de aquí resultaba «bueno», porque la baja era inferior a otras. Lo que no pudo pasar tan sigiloso fue el cierto asombro por el súbito corte de víveres en cuanto a órdenes, abandonando las cumbres fugaces de cerca de los 48 millones de pesos, para reducirse a solamente unos 18 millones de pesos de efectivo en locales, con otros $ 2 millones en CEDEAR.
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La figura de «pasar la gorra» retornó de improviso, si bien una fecha con precios en baja respalda a un volumen que se encoja, el chequeo de ruedas posteriores resultará vital para medir la nueva realidad del escenario. O si es la misma que ya venía con Machinea, de tendencia floja y órdenes insuficientes, dejando en un paréntesis de festejos todo lo que envolvió a la asunción de Cavallo.
Las bajas mervales, en 1,3 por ciento uno y el nativo en 0,9 por ciento, no alcanzaron a preocupar: pero sí resultaron una señal para subir las antenas y recortar impulsos aventureros de una supuesta escalada vertical. Se puso un «stop», es el primero en la nueva ruta emprendida, y tuvo atenuantes en el día, pero quedó pendiente de ser seguida de cerca.
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