Periodista: Hay acuerdo entre EE.UU. y China. La Bolsa se salió con la suya. Y viaja de récord en récord, cobró en especie y por adelantado. La curva de bonos, que apostó en contra cuando se invirtió, volvió a empinarse. ¿Durará la paz o será otro espejismo efímero, el tercero en la lista?
Gordon Gekko: Dicen que la tercera es la vencida. Conociéndolo a Trump, y su humor cambiante, uno debería ponerlo en duda. Pero también es un hombre de cálculo (detrás de lo que puede parecer pura impulsividad). Y se está jugando la elección de 2020.
P.: No debería fabricarse una recesión. Sería abusar de su suerte, le acaba de pasar raspando.
G. G.: Esa es mi convicción. No nos vamos a ahorrar las trifulcas, y los roces, pero creo que ambos líderes, Trump y Xi Jinping, no querrán que el agua llegue al río. Hubo que tragarse varios sapos, Trump se enredó con su propio ultimátum, y se prefirió aguar el acuerdo pero sacarlo adelante y no retomar la confrontación.
P.: ¿Cómo se sigue de acá en más? Las Bolsas tienen el envión de arrastre a su favor. Y mucho se habla de la suba, pero sin participar; se la miró desde afuera.
G. G.: Y tienen el calendario benigno. Los rallies estacionales, el libro en blanco de un ejercicio por empezar. Lo natural es tomar más riesgo, más allá de la recomendación usual de vender con la noticia.
P.: Tanto tiempo alimentado a rumores, cruzando los dedos por el bendito acuerdo, que no sería descartable, con su concreción, dar un paso atrás...
G. G.: Seguro. Pero la tendencia continúa propicia. La Fed y los bancos centrales son extremadamente amigables.
P.: ¿Y qué rol juegan los fundamentos? La rentabilidad de las compañías se estancó. Lo que vuela son sus cotizaciones. ¿Se sostendrá?
G. G.: En un mes tendremos una nueva ronda de balances.
P.: Que no prometen ser muy buenos...
G. G.: Que no haya promesas es lo más destacable. Si los inversores fueron pacientes en la época turbia, no se van a asustar ahora. Querrán ver, más que una mejoría inmediata en los números, un progreso en la orientación (“el guidance”) que den las firmas. Cambiará el eje: de estar muy atento al terreno minado del comercio se pasará a la búsqueda de los síntomas tempranos de una recuperación.
P.: La economía debería repuntar.
G. G.: No esperaría nada extraordinario. Todo indica que la desaceleración ya tocó piso en los EE.UU., y que la actividad se afianza.
P.: Rebotó...
G. G.: Sí, pero nada comparable con el vigor de las acciones. En su momento mencionamos la mejoría del Indicador PMI “relámpago” de noviembre, que es la primera lectura a la que uno tiene acceso de la marcha de la economía en el mes. Y ya se cuenta con los datos de diciembre.
P.: ¿Se confirman los avances?
G. G.: Correcto. Es su nivel más alto en cinco meses, desde julio.
P.: Que no es un umbral tan elevado. Todos estábamos preocupados en julio. La Fed, sin ir más lejos, comenzó entonces con la primera -de las tres- bajas de tasas de interés.
G. G.: De acuerdo. Pero entonces era un viaje de ida, sin certidumbre sobre su destino final. Ahora se emprende la vuelta. De manera lenta, pero consistente. Y la pax comercial ayuda a tener una visión más constructiva.
P.: ¿Se advierte su influencia específica?
G. G.: Todavía la industria manufacturera es un lastre, los servicios son los que empujan del carro. Pero la demanda exportadora resucitó. Las ventas al exterior de bienes y servicios crecen a la mayor velocidad desde junio. Eso no quita que el superior dinamismo, en esencia, aún se basa en el repunte de la demanda interna. Los indicadores que miran hacia delante -nuevas órdenes y expectativas futuros- se comportaron muy bien en diciembre, y eso es un buen augurio para empezar 2020.
P.: Tomamos distancia de un pronóstico de recesión.
G. G.: En los Estados Unidos, sí. Estos números son compatibles con una economía creciendo al 2,2% en 2020. Esto es más que la tasa de crecimiento potencial (hoy en día no más alta que 1,7% / 1,8%). En el mundo la recuperación es más pastosa. Las últimas cifras chinas sorprendieron positivamente. A Europa le está costando más.
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