Diálogos de Wall Street

Economía

¿Cómo es que la Bolsa logra convivir con una inflación que incomoda y nadie puede pasar por alto? Gordon Gekko ensaya una explicación.

Periodista: Todo el mundo está pendiente del informe de inflación de mayo. El nerviosismo es palpable porque las anécdotas de fuertes subas de precios brotan por doquier. Sin embargo, Wall Street flamea en lo más alto del mástil. No amaga ni siquiera una agachada para prevenirse ante una mala noticia.

Gordon Gekko: Es el nerviosismo de un mercado comprado. Prefiere estar trepado en lo más alto de la palmera, y correr el riesgo, que desensillar hasta que aclare.

P.: ¿Y cuál es la razón?

G.G.: Porque teme un traspié, pero más teme que cuando la situación aclare haya perdido el tren.

P.: ¿Vuelven a prevalecer los inversores amateurs, los Robinhooders, los mismos que inflaron GameStop y AMC?

G.G.: Participan los amateurs y los profesionales. Los primeros son responsables del regreso de la fiebre por las acciones meme (tras haber estado guardados un par de meses) pero si el S&P 500 se codea con los récords, no es solamente obra del empuje de una manada de jóvenes entusiastas. Y hoy (por ayer) el índice llegó a ubicarse apenas a 1,3 puntos del máximo de 4238.

P.: Cada vez más voces alertan sobre un aumento importante de la inflación que, una vez fuera de la caja de Pandora, no será tan sencillo lograr que se repliegue y vuelva a caber allí.

G.G.: Es un experimento sin antecedentes. Nos acostumbramos a bancos centrales preventivos y ahora la política económica vierte estímulo a una escala gigantesca, y ellos van a dejar que la inflación exceda su meta sin levantar una mínima valla de contención.

P.: ¿Qué podría salir mal? Roger Bootle, quien en 1996 escribió un libro señero, “La muerte de la inflación”, reapareció dándole las hurras a su visión de entonces. Definitivamente, el peligro de la deflación ya pasó, dijo, y los riesgos se inclinan hacia el otro extremo.

G.G.: Yo le puedo armar una lista con todos los que opinan parecido. De hecho es así hasta para la propia Fed. El cerebro de la operación fiscal, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, no niega que la inflación sea una amenaza. La Fed coincide. Pero, ambos creen que si la inflación se descontrola, existen herramientas para ponerla en caja.

P.: Y la Bolsa compra la idea. Claro que si hubiera que apelar de urgencia a ese arsenal no conservaría el porte desafiante.

G.G.: Los bonos son el lazarillo de la Bolsa. Son el canario en la mina de carbón. La tasa de diez años superó 1,63% el viernes en la antesala de la publicación del informe de empleo. Hoy se ubicó en 1,538%. Recuerde que el máximo fue 1,778% el 30 de marzo.

P.: Es un canario saludable, y hasta silbador.

G.G.: A pesar del aire enrarecido de los dos últimos meses. Marzo y abril trajeron lecturas de inflación altas. ¿Cómo puede ser que los bonos largos no hayan acusado el impacto cuando carecen de toda defensa ante un salto imprevisto de la inflación? Y a estos rendimientos tampoco tienen un colchón protector.

P.: ¿Será otro enigma de los bonos como el que desvelaba a Greenspan y a Bernanke a mitad de los años 2000?

G.G.: En ese entonces la tasa larga no subía porque la Fed estaba haciendo el trabajo sucio de combatir la inflación en su raíz. Ahora no hay nada de ello. Sin embargo, la inflación que sube se explica por un puñado de observaciones muy potentes. Dos terceras partes del aumento de la inflación núcleo en abril obedecen a sólo cinco productos.

P.: Le puedo hacer otro listado enorme con bienes y servicios que se dispararon los últimos meses. Le aseguro que se cuentan por decenas.

G.G.: Yo también. Pero sin desmerecer la evidencia anecdótica, entendamos que el índice de precios al consumidor releva 80 mil ítems distintos. Cuando se considera todo el universo lo que se advierte es que la tendencia central de la inflación no subió. Se mantiene desde principios de año. Si se toman medias recortadas (o sea, si se quitan las observaciones extremas) el aumento es moderado. Créase o no.

P.: No es lo que diría la intuición.

G.G.: Pero es lo que creen los bonos, y, por extensión (o ¿por conveniencia?), la Bolsa. Que la Fed también lo crea, pues, tanto mejor.No obstante, esta película recién empieza. Y el final está por verse.

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