Periodista: ¿Volvieron los años 70? Ya padecemos la alta inflación. ¿Qué nos falta? Después de las sanciones económicas del fin de semana, el precio del petróleo escaló por encima de los 100 dólares el barril (lo que no había sucedido antes de las últimas medidas). A la inflación fuera de órbita se le suma, ahora gracias a la guerra, un shock negativo de oferta extra. ¿Es un pasaje a la estanflación?
Gordon Gekko: El principal peligro es el fuego amigo. Que, en el afán por asfixiar a la Rusia de Putin, las medidas se vuelvan como un búmeran sobre las contrapartes, causen un accidente crediticio de magnitud y la inestabilidad financiera global. La estanflación sería la estación que sigue.
P.: ¿Qué iniciativa le parece más peligrosa? La desconexión de los principales bancos rusos de Swift, el bloqueo de la operatoria del banco central ruso, las restricciones comerciales, ¿cuál de ellas? ¿Y por qué?
G.G.: En principio, todas las sanciones excluyen expresamente a la energía. En la práctica, en su ejecución, no es fácil separar la paja del crudo.
P.: Cortar la provisión rusa de energía sería el búmeran por naturaleza.
G.G.: De ahí se deduce que, si Putin quisiera, él sí puede causar un daño enorme. En el acto.
P.: O sea, Putin lo sabe, pero no le conviene hacerlo.
G.G.: Un punto crucial. Hay un equilibrio, bastante inestable, por cierto, que explica por qué la crisis no es lo que se predecía. No hay un shock de energía que haya pateado el tablero.
P.: Pero jugamos al borde.
G.G.: Así es. Quitar a Rusia de Swift es la medida más delicada, pero se están aplicando todas las sanciones juntas. Y se suman restricciones “por las dudas” a nivel corporativo, algunas, uno imagina, consultadas con los gobiernos. Y otras de inspiración independiente. Los riesgos de provocar un cortocircuito delicado son mayores. Y ya hay chispazos.
P.: Corríjame si no es así, Rusia podrá seguir cursando las cobranzas de sus ventas de energía a través de Swift.
G.G.: Sí.
P.: ¿Y cómo hace Swift para distinguir una operación de energía de cualquier otra?
G.G.: Analizando operación por operación. Es un método artesanal.
P.: Nunca pensé que el área de back-office, la administración de los bancos, tendría un rol tan relevante en un conflicto bélico.
G.G.: Junto con la oficina de “compliance”, o sea, con quienes revisarán los contratos y pedirán toda la documentación pertinente.
P.: Esto puede salir muy mal. ¿Quién define hasta dónde se toman riesgos? ¿Quién responde si hay un error?
G.G.: Por las dudas, lo mejor es no hacer nada, paralizar todo. Y si se quiere anunciar que uno ya no hace negocios con Rusia, está bien visto. Mire, el precio del barril tenía una prima de riesgo de 10 o 15 dólares al viernes. Y más o menos se duplicó después de la noticia de Swift. Pero ese es el petróleo Brent (o WTI). Las refinerías no están comprando el petróleo de Rusia. Los bancos no quieren financiar los embarques. El crudo que viene de allí cotiza con un descuento que llegó a ser de 18 dólares ayer cuando en enero era menor a dos.
P.: El shock petrolero que se quiere evitar está entrando por la ventana.
G.G.: Los gigantes rusos de la energía -los Lukoil, Rosfnet, Gazprom- perdieron casi todo su valor de cotización. Gazprom, 98% en una semana.
P.: Así no van a poder operar mucho tiempo más. ¿Y qué pasa con la banca? ¿No existe el riesgo de precipitar un nuevo Lehman?
G.G.: Hay mucha sensibilidad. Punto. La liquidez no revela ni siquiera spreads en alza en el mercado monetario. El sistema internacional fuera de EE.UU. opera con un descalce estructural, le falta fondeo en dólares, pero no mostró ninguna necesidad. No obstante, el peligro potencial existe. Si no se despeja la tensión, es una bomba de tiempo.
P.: Se habla de estanflación. ¿Lo ve un escenario probable?
G.G.: Europa, obvio, es muy vulnerable. Estados Unidos tiene alta inflación, pero también un gran dinamismo del gasto y, gracias al shale, una oferta de energía elástica en el corto plazo. La economía se va frenar este trimestre, pero la demanda crecerá por encima del 3%. Tiene un colchón para aguantar el chubasco.
P.: ¿Y qué hará la Fed?
G.G.: Ya lo escuchó a Jay Powell en el Congreso. Despachará un aumento de un cuarto de punto el miércoles 16. Y después se verá. Los mercados están preparados para una operación así, paso a paso.
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