¿Novedades? Wall Street se aferra a su rutina. Las dudas del lunes se resolvieron el martes, con creces. Con la inflación minorista de julio, conocida el miércoles, trepó un nuevo escalón. La inflación mayorista, que pudo haber arruinado el jueves, no importó y la Bolsa subió igual. Y el viernes sí estalló una noticia bomba: en agosto, el consumidor sufrió un ataque de pánico (o algo así). ¿Consecuencias? Quizás modere su gasto (escaló más de 11% en el primer semestre). No siempre ocurre que porque extravía la fe cierra la billetera. Si fuera así, las tasas largas no estarían tan erradas, podrían estacionarse alrededor de 1,30% y no precisarán irse muy lejos, aún en una economía que crea más de 900 mil empleos netos por mes. Importante: los que apuran en la Fed que conduce Jerome Powell el tapering -la reducción de la compra de bonos– deberían pensarlo dos veces. Si el músculo duerme, la ambición descansa. Entiéndase bien, tal vez el consumidor se deprima (habrá que re-chequearlo a fin de mes); el inversor, muy claramente, no. ¿Evidencia? Wall Street cerró el viernes con récords flamantes en el S&P 500 y el Dow Jones Industrial. ¿Y por qué se ausentó el Nasdaq? No por desconfianza. Es al revés, tecnología le cede la posta al posicionamiento reflacionario, una apuesta cíclica aún más agresiva. Por supuesto, será muy interesante ver cómo digiere el informe de ventas minoristas si mañana el comercio acusa un probable traspié.
EE.UU.: la Bolsa en la cumbre aunque el consumidor se deprima
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Wall Street no avanza sola. Europa le hace vibrante compañía. La seguidilla de récords en el Viejo Continente no se observaba en los últimos 22 años. Y también el índice de acciones MSCI global transita en los máximos. Tan temerario, si se quiere, como real. Nadie ignora el peligro. En EE.UU., las carteras de los managers profesionales activos están 97,55% invertidas en Bolsa. O sea, 26 puntos porcentuales más que cuatro semanas atrás. Su manejo es muy receloso. Cuando temían el Sell in May –en la tercera semana de mayo– la exposición se recortó a poco más de 44%. La pandemia hundió los ánimos en 2020 -el peor momento fue la tercera semana de marzo–, el piso llegó entonces a 10%. Hoy, las carteras invertidas a pleno dan un mensaje simple: es cierto, las acciones (S&P500) treparon el 18,9% en lo que va del año, pero aun así se corren más riesgos quedándose afuera.
Tercer turno semanal de exámenes en Wall Street. Primero, se rindió (y aprobó) crecimiento económico. Dos semanas atrás, la creación de empleo obtuvo un sobresaliente inesperado. La pasada tocó revisar los números de inflación. Los precios minoristas treparon 0,5% en julio (una décima menos que lo que se esperaba y cuatro menos que en junio). En su versión núcleo, bajaron de 0,9% a 0,3%. Lo mismo que la mediana (que subió). No había gran tensión previa, pero sí se notó el alivio posterior. ¿Hasta dónde podían escalar las tasas largas después de la muy robusta formación de empleo reciente? Era una inquietud que se reemplazó en el acto por la idea de que ya “vimos el pico (de la tasa) de inflación”. Bastó, sin embargo, que los precios mayoristas, un día después, registraran un aumento de 1% -un nuevo máximo local– para recordar que el potro no está domado. Bien montado, sí; pero es irascible y corcovea. Cuando el ex CEO de Heinz dice que lo preocupa la inflación porque la industria sufre presiones sin precedentes, no exagera. Con todo, los balances muestran que las compañías mejoran su rentabilidad. Los últimos doce meses, los costos laborales unitarios –el trabajo es el mayor costo primo de la producción– se mantuvieron sin cambios. La jineteada exitosa es por ahí.
Todo bien, salvo la confianza del consumidor que, según la medición de la Universidad de Michigan, se desmoronó de súbito y a los niveles más bajos de la pandemia. Sólo dos veces en 50 años la encuesta detectó un decaimiento superior. ¿Qué pasó? La variante Delta le cerró la puerta en la cara a la noción de que la pandemia terminó. Un shock de emoción violenta, se diría. No hay encierros en EE.UU., apenas el regreso del barbijo en localidades donde recrudecen los casos; las vacunas son eficaces (y sobran). La economía funciona, pero el corpore sano, necesitará una mens sana. Para Wall Street es vital que no haya contagio. Ya citamos líneas arriba lo que pasa cuando son los inversores los que se deprimen.
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