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A 25 años de la gran batalla de Thatcher
Desde conferencias o manifestaciones hasta conciertos, numerosos actos conmemoran desde el 5 de marzo -día en que empezó el conflicto- el aniversario de la victoria conservadora o la derrota de los sindicatos, un hito en la historia británica reciente que abrió la puerta a la revolución neoliberal que se le atribuye a la «Dama de Hierro».
Uno de los platos fuertes de las celebraciones es la polémica obra de teatro «Maggie's end», que empieza nada menos que con la muerte de Thatcher, sueño recurrente de sus acérrimos adversarios.
Según el dramaturgo Trevor Wood, coautor del texto con Ed Waugh, la idea del argumento surgió cuando la prensa publicó hace unos meses que el Partido Laborista planeaba dar a la ex líder conservadora un funeral de Estado cuando muriera.
«No hay duda de que la mayoría de los seguidores laboristas vería un funeral de Estado para Margaret Thatcher como la máxima traición por parte de su partido, y darle ese tipo de reconocimiento reabriría muchas de las heridas de los años 80», dijo Wood.
En la función, un ex activista político escandalizado por la iniciativa de la directiva laborista se enfrenta con su única hija, que ha escalado en el escalafón hasta convertirse en un alta funcionaria del Nuevo Laborismo encarnado por Gordon Brown y Tony Blair.
Pese a que la muerte de Thatcher es el catalizador, la obra, que se representará en Londres del 7 al 18 de abril, «explora en verdad el legado del thatcherismo, y examina cómo se ha alejado de sus raíces tradicionales el Gobierno laborista», señaló el autor.
Patrocinantes
Al igual que otros eventos, el montaje es patrocinado por varios sindicatos, entre ellos la National Union of Mineworkers (NUM), cuyos miembros (muchos más entonces que ahora) participaron entre 1984 y 1985 en la pulseada con el Ejecutivo conservador.
Davey Hopper, secretario del NUM en el noreste de Inglaterra, una de las áreas más afectadas por el cierre de las minas, recuerda «con dolor» el año de huelga, cuando el recorte de las ayudas estatales a los mineros significó que éstos tuvieron que vivir de la caridad y la solidaridad.
«No pensábamos que iba a durar un año y tampoco imaginamos el resultado», declaró el antiguo minero, para quien la huelga, que no contó con el apoyo oficial del Partido Laborista de Neil Kinnock (aunque sí de sus miembros), fue en realidad «un enfrentamiento entre dos maneras de ver el mundo».
El conflicto supuso una verdadera lucha de clases en la que mineros de Inglaterra, Gales y Escocia opusieron resistencia a los planes conservadores de cerrar la industria nacional del carbón.
Fue un enfrentamiento complejo, en el que los trabajadores, dirigidos por Arthur Scargill, fueron acusados de no haber respetado la nueva y restrictiva legislación sobre los paros laborales introducida por Thatcher, que movilizó a los poderes del Estado -fuerzas del orden y Justicia- e incluso la prensa para luchar con furia contra el que para ella era «el enemigo interior».
La huelga empezó tras el anuncio del cierre del pozo de Cortonwood (South Yorkshire, norte inglés) el 1 de marzo de 1984 -el primero de más de 25, aunque fueran rentables-, cuando el 5 de marzo los mineros de la zona se echaron a la calle, y el 12 les siguieron hasta 200.000 colegas de otras partes del Reino Unido.
Además del combate con el Gobierno, que culminó en el choque entre 7.000 mineros y más de 3.000 policías en Orgreave el 18 de junio y acabó el 3 marzo de 1985, cuando se extinguieron las ganas de resistir, el conflicto tuvo también una vertiente más amarga de lucha fraticida, explotada por los «tories», ya que mineros del condado de Nottingham (centro), convencidos de que conservarían su trabajo, boicotearon la huelga nacional.
El mundo es ahora un lugar diferente. Según la NUM, el Reino Unido importa para sus necesidades de producción eléctrica el carbón equivalente a 43 minas, mientras el Estado planea enormes subsidios a la energía nuclear. Donde estuvo la mina de Cortonwood, cerca de Barnsley, hay ahora un centro comercial y un McDonald's.
Agencia EFE

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