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A un año de muerte de Kirchner, Cristina lo homenajeó en el sur
La Presidente llega al cementerio de Río Gallegos para encabezar el acto en conmemoración del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner.
A su lado, durante todo el proceso estuvieron su cuñada, la ministra Alicia Kirchner, su nuera Rocío García y Ofelia Wilhelm, la madre de la Presidente. Además, un grupo selecto de amigos del expreentre ellos, el empresario Lázaro Báez, quien financió la obra.
El «staff» de políticos presentes, luego del pedido de que no concurran, fue un indicador del círculo de vínculos y preferencias de la Presidente. Estaban allí Carlos Zannini y Héctor Icazuriaga, los dos dirigentes de mayor y más frecuente diálogo con Cristina de Kirchner.
También, el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina; y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno. También dos personajes menos visibles: Osvaldo «Bochi» Sanfelice, Mario Ishii y Roberto Porcaro.
Afuera, sin acceso a los ámbitos más controlados, estuvo Juan Cabandié, nieto recuperado y legislador porteño. Además, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el gobernador local Daniel Peralta y el mandatario electo de Chubut, Martín Buzzi.
En los días previos, la Presidente expresamente pidió reducir al mínimo las presencias políticas. Hasta Amado Bou, compañero de fórmula de Cristina y futuro vicepresidente, se tuvo que quedar en Buenos Aires como la enorme mayoría de los ministros.
Lo mismo ocurrió con más miembros del gabinete: Carlos Tomada, de Trabajo; Débora Giorgi, de Industria; y Florencio Randazzo, de Interior, entre otros. Cada uno de ellos participó, luego, de distintas actividades para recordar el primer año de la muerte de Kirchner.
Tuvo, por eso, un tono eminentemente familiar. De la ceremonia íntima participaron unas pocas personas y se convirtió en un homenaje pridísimo, entre llantos, de la Presidente y sus hijos, al expresidente, al cumplirse el aniversario de su muerte, ocurrida el 27 de octubre pasado en El Calafate.
Antes de las 10, Cristina de Kirchner llegó junto a Máximo y Florencia, sus hijos, y su nuera Rocío, y unos minutos después comenzó el operativo de traslado de los restos del panteón familiar al mausoleo. Entre un edificio y otro hay unos 200 metros.
Cuando el féretro fue ingresado a la bóveda sólo quedaron en el lugar los familiares directos.
Poco antes de las 12, la Presidente se retiró en un auto manejado por Máximo con destino a su domicilio, donde también el acceso fue restringido a un grupo selectísimo de amigos de la familia.
Recién dos horas después de terminado ese trámite, se autorizó el ingreso de los vecinos y los militantes que se habían acercado para tratar de participar de la ceremonia. Hubo fuertes medidas de control y de seguridad para los que intentaban entrar.
De hecho, no se permitió portar cámaras de fotos, filmadoras ni celulares. Por respeto a un lugar íntimo y sentido, se informó.
Para entonces, la familia del expresidente ya se encontraba en su residencia particular en Río Gallegos.
Fue entonces cuando se permitió el ingreso al mausoleo de los «invitados especiales»: los ministros, funcionarios y dirigentes que viajaron a Río Gallegos para la ceremonia.
A la misma hora, en el Centro Comunitario del Carmen, se presentó una de las varias estatuas construidas para recordar a Kirchner: anteayer mineros de Río Turbio presentaron una en Capital Federal y al atardecer, en Formosa, Julio De Vido participó de la inauguración de una imagen monumental del expresidente.
En tanto, en Río Gallegos, la unidad básica Los Muchachos Peronistas presentó su propio homenaje: una estatua de 2,75 metros de altura que tenía como plan original ser instalada en el centro de la ciudad en reemplazo de la estatua de Julio Argentino Roca. Por ahora no se concretó.
A mediodía un grupo de amigos y funcionarios instaló, además, una placa recordatoria a Kirchner en el reservado del Hotel Santa Cruz, lugar que habitualmente utilizaba el expresidente para reunirse con amigos y dirigentes a hablar de política y de fútbol.


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