9 de febrero 2015 - 00:00

Adiós al famoso “lentidigitador” Lavand

René Lavand
René Lavand
René Lavand, nacido Héctor René Lavandera en setiembre de 1928, a los 9 años perdió el antebrazo derecho al ser atropellado por un adolescente a bordo de un auto prestado. Otro hubiera ido a pedir limosna. El se dedicó a la literatura universal y a la práctica de cartomagia con una sola mano, aprendizaje enteramente autodidacta, ya que no había hasta entonces ningún manual para sus necesidades. A los 32 años ganó una competencia, largó el trabajo de empleado bancario que tenía, y se convirtió en un mago único: en vez de prestidigitador, se definió "lentidigitador", con espectáculos donde desarrollaba muy despaciosamente sus juegos de naipes y migas de pan mientras envolvía al público en hermosos relatos cargados de poesía, varios de ellos escritos por sus amigos Rolando Chirico y Ricardo Martín.

"No se puede hacer más lento", exclamaba, provocando el asombro y también el bochorno de los espectadores que nunca lograban descubrir sus trucos. Así transitó el Nacional, el Tabaris, la televisión de Argentina, EE.UU., Francia, España, Portugal y Japón, escribió sus memorias, "Barajando recuerdos", también manuales, tuvo alumnos, recibió homenajes (un monumento en los jardines del Palacio Municipal de Tandil, su ciudad adoptiva, una "participación" en la novela de Guillermo Martínez "Crímenes imperceptibles", etc.) y actuó en dos películas: el policial "Un oso rojo" (Adrián Caetano, 2002), que le valió una candidatura al Oso de Plata, y el excelente documental "El gran simulador" (Néstor Frenkel, 2013), que ahora bien podría reponerse. El sábado, René Lavand se fue yendo, muy despacio, hacia su acto final.

P.S.

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