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Adiós a Lily Berni, hija y musa de Antonio Berni
Uno de los retratos que hizo de Lily, Antonio Berni, de quien fue compañera en las buenas y en las malas. Es una lástima que no alcance a ver la merecida consagración del artista que proyecta para noviembre el poderoso Museo de Bellas Artes de Houston.
Compañera de su padre en las buenas y en las malas, es una lástima que no alcance a ver la merecida consagración del artista que proyecta para noviembre el poderoso Museo de Bellas Artes de Houston, Texas.
Quienes investigamos la historia del rosarino encontramos en ella no sólo el apoyo de una profesional, que supo crear el archivo de su padre y documentar su trayectoria, sino una fascinante relatora de historias. Con humor y con gracia contaba que cuando era apenas un bebé, su madre le encargó un buen día al artista que la cuidara unas horas y, al volver, no la encontraba. Berni pintaba y Lily dormía debajo de la cama. Los relatos se sucedían. Pero acaso su favorito era el del día que acompañó a su padre a recibir el Gran Premio de Honor al Grabado y Dibujo que le otorgó en el año 1962 la Bienal de Venecia, la mayor distinción a la que puede aspirar un artista. Lily señalaba el contraste entre la alegría de recibir el premio y la tristeza de salir a comer solos, porque ningún argentino se acercó a saludarlos.
En su departamento de la calle Paraguay primero, y en el estupendo loft que Tatato Benedit le construyó después, estuvo siempre rodeada por las obras de Berni. Le encantaba explicar el mensaje que dejó su padre.
Su ánimo cambió con la amistad de Ruth Benzacar, la galerista que impulsó la obra de Berni, pues consideraba que los valores del artista no podían ser inferiores a los de Diego Rivera o Frida Kahlo. Gracias al talento de la marchand,"Domingo en la chacra" se vendió en casi medio millón de dólares y luego "Desocupados" en 800.000. Berni ingresó por la puerta grande al mercado internacional y se sucedían los récords, sus obras se exhibían en la galería Robert Miller de Nueva York y en Ramis Barquet de la calle 57.
A fines de la década del 90, con Ruth solían frecuentar el restaurante Fifty Seven del hotel Four Seasons, también en la calle 57. Las bolsas bajo los ojos de Lily habían desaparecido, se la veía feliz. Durante décadas fueron amigas. Pero la muerte de Benzacar significó un quiebre emocional profundo, abandona la galería, se aleja de sus asesores y se agiganta la figura de un especialista en horóscopos Waldo Casal, que emerge como su apoderado. "Ahora me doy cuenta de que me usó para ascender socialmente reconocía poco después-. Llevó y trajo cuadros de mi estudio hasta que se quedó con 40, que ni se si están en Argentina. Maniobró de tal modo que me tenía en sus manos, hasta le firmé un testamento como heredero de todos mis bienes, y otros documentos".
Ana Martínez Quijano


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