4 de marzo 2010 - 00:00

Admirable cruza de policial y cine arte

Nicolas Cage cumple uno de sus mejores trabajos en «Un maldito policía en Nueva Orleans», film de Werner Herzog  (lejos de una simple remake del de Abel Ferrara), con grandes momentos visuales y actorales del principio al fin.
Nicolas Cage cumple uno de sus mejores trabajos en «Un maldito policía en Nueva Orleans», film de Werner Herzog (lejos de una simple remake del de Abel Ferrara), con grandes momentos visuales y actorales del principio al fin.
En «Aguirre, la ira de Dios», Herzog permitía que un conquistador español continúe hablando unas pocas palabras luego de ser decapitado por el feroz Klaus Kinski. En «Un maldito policía en Nueva Orleans», un mafioso es acribillado y yace muerto en el suelo, pero el protagonista pide que le disparen de nuevo porque «su alma sigue bailando».

Después de más de una década sin que una película de Herzog se estrene comercialmente en la Argentina, es un placer comprobar que el director de «Fitzcarraldo» y tantos otros films extraordinarios está en mejor forma que nunca. Esto, a pesar de que, de buenas a primeras, el proyecto podría parecer un encargo bastante ajeno al cine de este gran cineasta del llamado «nuevo cine alemán» de la década de 1970.

Se podría pensar también que este nuevo maldito policía no es otra cosa que una remake del célebre film «Bad Lieutenant» que, con una increíble actuación de Harvey Keitel, llevó a la cumbre de su carrera al realizador indie Abel Ferrara. Pero no; en realidad, la película de Herzog narra en su propio tono las andanzas de otro policía corrupto -un Nicolas Cage desencadenado- que sigue la investigación de una tremenda masacre en Nueva Orleans con la misma pasión con la que roba drogas de los depósitos policiales, de clientes de su novia prostituta de lujo (Eva Mendes) o de los bolsillos de los que salen de discotecas a altas horas de la madrugada.

La de Abel Ferrara era una película tan sólida como terriblemente fuerte y drámatica. Pero este raro subproducto de Herzog la supera por equilibrar sus imágenes más fuertes con un extraño sentido del humor, que se lleva especialmente bien con el doble delirio surgido tanto del «mojo» del folklore de Nueva Orleans como de la mente desequilibrada de este policía totalmente pasado de rosca. La escena en la que Nicolas Cage ensaya pasos dementes para eludir las cámaras de seguridad ubicadas junto a un depósito policial bastaría por sí sola para justificar la visión de la película, ya que es un climax de uno de los mejores trabajos en la carrera del intérprete de «Corazón salvaje» de David

Lynch
(y esta performance nos retrotrae a la de ese gran film). Pero, en verdad, «Un maldito policía en Nueva Orleans» está repleta de grandes momentos visuales y actorales de principio a fin.

El elenco no tiene desperdicio, incluyendo trabajos secundarios como el distorsionado Val Kilmer como un detective tan corrupto como su colega protagónico, o Brad Dourif como un apostador que no puede creer los malabarismos del caradura estelar por seguir incrementando su pila de deudas sin ganar una sola vez. De hecho, en un momento los problemas que enfrenta Nicolas Cage son tantos que hasta el espectador más atribulado podrá relajarse y reírse de las desventuras de este infame pero querible maldito policía con el que Werner Herzog demuestra que es posible mezclar el género policial con el cine de arte de más pura cepa.

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