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Aerolíneas: pilotos en pie de guerra
Los únicos oradores de esta reunión, que convocó a unos 200 pilotos, fueron el presidente del gremio y piloto presidencial Jorge Pérez Tamayo y su mano derecha, Pablo Biró. Ambos dirigentes enfatizaron que en este conflicto ellos eran las verdaderas «víctimas» de una campaña en la que todos estaban embarcados en su contra, y volvieron a culpar al personal técnico por la no partida a horario del Boeing 747-400 (debía salir el domingo a las 21:00 y decoló exactamente un día después de lo previsto).
Los discursos, según fuentes a las que accedió este diario, estuvieron cargados de diatribas contra el ministro de Planificación Julio De Vido, el secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi y el CEO de Aerolíneas, Mariano Recalde. Al final de los discursos, los dirigentes habrían llamado a un «quite de colaboración no declarado», que consistiría en «plantar los aviones estén donde estén, en cuanto se detecte la menor falla, en cuanto se apague alguna luz». La convocatoria a este paro encubierto no fue saludada con euforia por los presentes.
También Pérez Tamayo y Biró habrían criticado a De Vido imputándole que estaría buscando un grupo empresarial para transferirle la empresa, y que esa política no condeciría con la estatización plena que quiere APLA. En cambio a Recalde lo habrían atacado por su intención de sancionar a quienes no cumplan con sus tareas en tiempo y forma.
En la empresa, en tanto, ayer habrían escuchado un informe de la gerencia de Mantenimiento, en la que se relata que tres veces, con tres equipos electrónicos diferentes, se les dio marcha a las turbinas del 747-400, y arrancó sólo cuando uno de los técnicos ingresó a la cabina y supervisó la operación de puesta en marcha de los motores.
Ahora en la empresa se preguntarían por qué el copiloto no recogió la documentación del vuelo indispensable para poder tocar tierra en destino, lo que obligó al regreso del aparato a la puerta de embarque, lo que a su vez desencadenó los sucesos que terminaron con un atraso de 24 horas. Esa documentación (el «manifiesto») tiene dos partes: en una se establece el número de pasajeros transportados; en la otra, se describe la carga, la cantidad de combustible cargado, la ruta, las rutas alternativas, etc. Son tres copias, una de las cuales se la lleva la tripulación, lo que no ocurrió el domingo.
Llamativamente, el episodio del vuelo 1134 no fue la única «rareza» ocurrida el lunes: ese día un Boeing 737-500 que debía volar hacia Lima con muy pocos pasajeros, vio demorada su partida porque no funcionaban todas las «luces de sendero» (las que iluminan el pasillo del avión en caso de emergencia); el comisario de a bordo le dijo al técnico de mantenimiento que en esas condiciones no salían, y el técnico le respondió que el faltante estaba dentro del porcentaje permitido.
Hubo una miniasamblea entre el personal de cabina y los dos pilotos, y finalmente decidieron partir. Sin embargo, antes de cruzar la Cordillera el piloto informó a los pasajeros que debían descender en Mendoza a cargar combustible porque el fuerte viento de frente los había hecho gastar más «fuel» que lo previsto. Una vez en la terminal mendocina, los tripulantes «descubrieron» que si seguían a Lima se «vencían» en vuelo, por lo que decidieron regresar a Buenos Aires. El mismo avión partió a la mañana siguiente, catorce horas más tarde de lo que estaba previsto.
Es fácil comprobar, entonces, el estado de desgobierno en que se halla hoy la aérea reestatizada por los Kirchner. Una versión indica que ayer un alto dirigente de uno de los gremios aeronáuticos que acompañan a APLA habría sido duramente confrontado por sus afiliados en el edificio de Perú 2 -sede de la aérea-, que acusaron a los pilotos de no ser leales a la empresa y no esforzarse para que los pasajeros sigan volando por Aerolíneas Argentinas.
Sergio Dattilo


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