6 de julio 2016 - 00:00

AFA devaluada en el banquillo de una Justicia en default

 "Con Grondona esto no hubiera pasado", se le oyó decir a un reconocido dirigente del fútbol argentino en una de las tardes más tristes de la historia de la AFA. Hacía apenas instantes se había conocido la decisión del técnico del seleccionado nacional Gerardo "Tata" Martino de renunciar a su cargo, a pocos días de iniciarse las Olimpíadas Río 2016 en las que el representativo celeste y blanco debería presentarse. El potencial no es antojadizo: un día antes, el titular del Comité Olímpico, Gerardo Werthein, había declarado públicamente que "hay un 50% de chance de que la Argentina no presente equipo", y desató una tormenta cuyos cimbronazos aún no finalizaron.

La crisis de la Asociación gobernada durante 35 años por don Julio Humberto Grondona con mano blanda para los sumisos y mano de hierro para los enemigos tiene aristas políticas, económicas y judiciales que amenazan con su implosión. El vergonzoso proceso electoral para elegir al sucesor del histórico caudillo luego de su muerte, con un escrutinio que se asemejó a un sketch de Porcel y Olmedo; los escandalosos manejos de los dineros públicos destinados al financiamiento de clubes quebrados que pagan cifras siderales a jugadores multimillonarios; el desfile incesante de dirigentes por los pasillos de Comodoro Py indagados por causas que investigan las irregularidades en el manejo de los fondos de Fútbol para Todos; la renuncia al seleccionado nacional de Lionel Messi luego de sucesivas frustraciones deportivas (incluidos varios mundiales y copas América), y la incapacidad de otorgarle al astro mundial que brilla en el Barcelona las condiciones propicias para participar de los torneos. Y todo en el marco de una Federación Internacional con casi toda su cúpula dirigencial detenida por cobrar sobornos de empresarios ligados a los negocios de la televisación de los partidos, también tras las rejas, son los fundamentos del diagnóstico severo que coloca a la AFA en terapia intensiva.

La situación es tan compleja que, del otro lado de los estrados en los que se juzga el proceder de esta dirigencia sentada en el banquillo de los acusados se encuentra una Justicia federal que también es objeto de cuestionamientos permanentes por la permeabilidad de jueces y fiscales a las presiones de políticos y empresarios.

Ese mismo Poder Judicial es el que debe avanzar en causas que comprometen intereses de exfuncionarios a los que protegió durante el tiempo que permanecieron cercanos al poder, pero que perdieron pie y son fácil carne de cañón de un discurso anticorrupción más seductor para los ojos de una sociedad cansada de los desfalcos públicos que efectivo a la hora de administrar justicia.

Extrañar a Grondona es un sentimiento entendible para aquellos dirigentes que comieron de la mano generosa de Don Julio durante su reinado, a cambio de fidelidad eterna. Similar sensación a la que hoy deben experimentar aquellos advenedizos al poder del matrimonio Kirchner durante sus doce años de Gobierno, que también se alimentaron de las prebendas a cambio de un compromiso político que nunca fue tal y que sólo estuvo fundado en los favores recibidos. Y qué hablar de los que añoran las épocas de la mayoría automática de la Corte Suprema, cuando era presidida por un amigo y socio del por entonces presidente de la Nación Carlos Saúl Menem, a cuyo entorno jamás se dignó a investigar hasta que el riojano fue derrotado en las urnas. Triste pero real metáfora de una Argentina que cruje en todos sus frentes, mientras los negocios continúan en manos de nuevos actores, algo más prolijos que los anteriores, pero con la misma voracidad por quedarse con la parte del león que tanto apetecen.

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