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Afuera todo sigue igual (incluso peor)
Néstor Kirchner ayer, camino a Olivos. Dejó el sanatorio donde permaneció desde que fue operado de urgencia el domingo.
El patagónico trasladó, antes del mediodía, a la quinta presidencial la «unidad básica» en que se había convertido la habitación vip en la que fue alojado luego de ser trasladado de terapia intensiva y desde donde regresó, en sus últimas horas como «paciente», a dar indicaciones y maniobras políticas.
Fue desde la cama que le avisó a Jorge Capitanich, el gobernador del Chaco, que debía adelantar para el 10 de marzo el acto de reasunción del PJ porque el 11 quería encabezar, en Capital, un acto con tropa transversal y piquetera. Esos pormenores los compartió, al pasar, con el bonaerense Daniel Scioli.
Sin embargo, entre su internación urgente y el alta médica, período en el que el patagónico y sus fanáticos alentaron la ilusión de un renacimiento político, una especie de despertar K, el ring donde cada día se mueve su esposa Cristina, la presidente, sigue sacudido por conflictos y por tempestades.
Avalancha
Fue, casi, un ensamble perfecto. En avalancha se enlazaron el revés con la ley de medios, la reaparición de Carlos Lole Reutemann -uno de los competidores a los que le teme Kirchner- y el rebrote de la inflación, mixturados con la creciente interna de gabinete y el fuego amigo de Hugo Moyano y Luis DElía.
Todos los ejes sobre los que el matrimonio asienta su táctica de preservación (y perduración) quedaron bajo bombardeo: la reforma en el esquema de medios, la interna del PJ donde Kirchner se prepara para ser el único competidor y daba a Reutemann como «retirado» y el factor económico, invocado por los voceros K como pieza clave de la recuperación, se resquebraja con la sospecha inflacionaria.
Indicio de esos temores, el desfile de coreutas que se apuró -menos José Pampuro que se demoró hasta más allá del atardecer- por salir a cruzar a Lole reflejan que el santafesino, junto a Francisco de Narváez y Sergio Massa (¿o una costura que los abarque a los tres?) suponen un riesgo cierto en la primaria peronista.
En la misma línea opera el despliegue de funcionarios y referentes que se reunió en La Plata para llevar adelante el «operativo venganza» contra Pablo Bruera. Ayer, uno de los caciques de los díscolos se preguntó con mordacidad: «¿Y Carta Abierta no va a decir nada ante el movimiento destituyente contra Bruera?».
El mapa K no logra suturar una herida que aparece otra. En paralelo a que como logró que gobernadores elogien el Fondo del Bicentenario y que diputados juramenten en público su felicidad porque Kirchner vuelva al PJ, Hugo Moyano agitó el capítulo de la inflación y Luis DElía amagó con poner en la calle 80 mil piqueteros.
El grupo del matancero, la FTV -que fue el domingo a la clínica donde estaba internado Kirchner- fue excluido del programa de cooperativas como ocurrió con las tribus piqueteras anti-K. A DElía la factura le llega de los intendentes con quienes tuvo, en estos años, una batalla declarada e interminable.
En estas horas, repiquetea en Gobierno una frase que DElía pronunció hace tiempo y adquirió una pasmosa actualidad: «Si alguna vez ellos (por los Kirchner) deciden empujarme a estar en su contra, ahí sí me van a tener que aguantar». Fue, además, apartado del armado piquetero transversal que programa un acto con Kirchner.
Mensaje
Moyano, como jefe de la CGT mandó un mensaje a la Casa Rosada y otros a la jerarquía sindical. Se puso en alerta cuando se enteró, de boca de Horacio Ghilini, líder de SADOP y uno de los «cerebros» del moyanismo, que el Gobierno planea ofrecer un aumento de «un dígito» a docentes, cifra que pretende sea testigo para las demás negociaciones.
A fin de año, Moyano había salido de Olivos con un número genérico fijado en el 15%. Lo descolocó la negociación docente y por eso liberó a los caciques para que hagan sus pedidos, para que -además- no los tiente la oferta tribunera de Luis Barrionuevo y Gerónimo «Momo» Venegas que pronostican subas de más del 20%.
Antes de la operación de urgencia, un funcionario le planteó a Néstor Kirchner su intención de ser candidato a gobernador. El patagónico, sin pensarlo, lo cortó en seco: «Ni se te ocurra: Cristina te necesita». Eso era, en rigor, lo que quería escuchar el funcionario que siente que su lugar en el gabinete es casi invisible.
Ese funcionario, sureño y K histórico, descargó sus fusiles sobre el expansionismo del jefe de Gabinete Aníbal Fernández e invocó, además, un entrevero entre el quilmeño y Julio De Vido en torno de ACUMAR, ente encargado del saneamiento del Riachuelo, que debe administrar u$s 840 millones prestados por el Banco Mundial.
Horas después, a De Vido le estalló en la cara la crisis por la designación de Carlos Daniel García, a quien el ministro de Planificación designó en ese organismo -que tiene un presupuesto anual de casi 200 millones- a pesar de su presunta participación en el caso Grecco.
En su momento, Fernández quiso designar en el ACUMAR a Bruno Carpinetti, un prestigioso biólogo -además funcionario de su máxima confianza- a quien finalmente ubicó en Parques Nacionales.


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