Al borde del abismo, el negocio ganadero sufre caída del consumo

Edición Impresa

La crisis económica y financiera internacional, que afectará entre otros rubros el consumo de alimentos, genera una incógnita sobre la cadena de ganados y carnes. En la Argentina la incertidumbre se extiende desde productores ganaderos a empresarios frigoríficos por diferentes motivos que tienen íntima relación. No sólo están en juego las ganancias del año sino el futuro del negocio.

Una de las dudas de los empresarios se centra en el volumen de carne vacuna que exportará la Argentina este año. Otra, sobre el nivel de demanda interna que tendrá la carne en un año plagado de precariedad laboral, caída del ingreso e inflación.

Es ya un hecho la caída en el consumo local. Según el analista Ignacio Iriarte, la demanda de carne ya no es la misma del año pasado y se ubicaría entre un 10%-12% por debajo de julio-agosto del año pasado, cerca de los 72 kilos por habitante por año contra 82 kilos. Hoy es el consumo doméstico el que mantiene firmes los precios que recibe el productor, pero a la vez el que fija el techo de esos valores.

En tanto, las ventas externas de carne bovina argentina cayeron un 8% en el primer bimestre de este año en comparación con el mismo período del año anterior. Aunque no hay más datos oficiales, los paulatinos reacomodamientos de medidas suponen menos restricciones en las exportaciones pero generan dudas sobre las reales colocaciones anuales. Las restricciones impuestas por las medidas gubernamentales vigentes han generado un esquema de negocios mixto para la industria frigorífica: se les ha exigido colocar en el mercado interno una cantidad determinada de carne para poder exportar Cuota Hilton y otros cortes especiales que están saliendo a Rusia y a la Unión Europea.

«Las perspectivas del mercado internacional no son buenas», indicó Jorge Torelli, presidente de la Cámara de Frigoríficos de Santa Fe (Cafrisa). Y los argumentos caen sobre la crisis internacional. Dice el empresario: «El mercado ruso está muy mal. Los rusos tienen avidez de consumir productos como los nuestros, pero a valores ostensiblemente más bajos que en 2007. Es decir, estamos hablando de un producto como el trimmig, que llegó a valer u$s 3.000/u$s 3.100 por tonelada y hoy está a u$s 1.800. Además, están muy preocupados porque existen oportunistas que ofrecen cualquier plata por la carne argentina pero luego existen problemas de cobros, y están los rusos serios, compañías que realizan compras muy escalonadas, pero que están esperando la devaluación del rublo; compran y pagan y se mantienen con bajo stock porque si esa devaluación los agarra con un alto stock los liquida...», señaló. La política vigente para el sector es clara: abastecer el mercado interno y exportar los remanentes.

Consecuencia: valores bajos para cortes de alta calidad en el mercado interno y ventas externas acotadas; autorizaciones de exportación que se conceden lentamente y previsiones que cambian mes a mes. De hecho, la Cuota Hilton no se cumplió el año pasado y el panorama empeora durante 2009.

«En la Argentina la acción política no está teniendo mucha influencia sobre las exportaciones. Hoy estamos tratando de colocar todo lo que se autoriza y los mercados externos no son tan receptivos, se puede colocar hasta determinado punto. Esto va en línea con lo que los funcionarios argentinos quieren... La crisis internacional ha llevado a que los productos de menor valor sean los que mayor capacidad de colocación tienen», dice Torelli.

En este marco, los cortes de Cuota Hilton (lomo, cuadril) se cotizan en u$s 12.000/u$s 12.500 por tonelada. Pero para cumplir dicha cuota se salieron a vender cortes de la rueda (nalga, bola de lomo) presionando sobre la demanda y haciendo caer los precios desde u$s 4.700 hasta u$s 4.000 por tonelada. Durante 2008 se colocaron 18.884 toneladas de Hilton por u$s 270 millones; 212.413 toneladas de carnes frescas por u$s 1.090 millones de toneladas y 35.114 toneladas de carnes bovinas procesadas por u$s 134 millones. Desde la otra punta de la cadena los productores, proveedores de la materia prima para hacer carne, han sufrido problemas de sequía con mortandades y liquidaciones tempranas que han derivado en una menor oferta y un stock ganadero que ya se prevé 4,5 millones de cabezas inferior al que se tenía 3 años atrás, según datos de Iriarte. El negocio ganadero no es rentable, dicen.

En un seminario organizado recientemente por el Instituto de Promoción de Carnes Vacunas (IPCVA), el especialista Fernando Canosa fue contundente: «La ganadería se encuentra en un círculo vicioso, un aumento de la liquidación de vientres y una caída creciente en el peso de faena. Ante los altos costos de producción y los bajos precios, los productores trabajan a pérdida. De no cambiar en forma urgente esta tendencia la Argentina muy pronto deberá importar carne».

¿Hay salida? Sí. ¿Qué puede hacer la Argentina para revertir esta situación? Puede aumentar su producción. Tan simple como eso.

La producción de carne aumenta faenando más tardíamente, incentivando la retención de vientres y engordando adicionalmente los terneros. Otra posibilidad es conservar la superficie destinada a la ganadería pero invertir más en forrajes y aumentar la cantidad de vacas en producción. El crecimiento tanto de vacas como de terneros permitiría incrementar el 50% el tonelaje de carne a producir. «A los 3 millones actuales podemos sumarles 1,5 millón de toneladas más», indicó Canosa.

Pero hasta ahora nada de ello se ha realizado porque nadie invierte ante la falta de rentabilidad; y los datos muestran que la faena del año próximo podría caer fuertemente tanto como el stock. Definitivamente, una encrucijada.

Dejá tu comentario