4 de septiembre 2017 - 00:00

Al mal tiempo, buena cara (y Nasdaq en los récords)

Hay que pasar septiembre, levantar la barrera de la deuda pública. Arreglado el asunto con el Congreso se disparará un resorte.

¡Qué bueno es dar malas noticias! Un misil sobre Japón, un huracán sobre Texas, una doble decepción sobrevolando el mercado laboral de los EE.UU. y el Nasdaq, imperturbable, 3% arriba en la semana, sobre los máximos. En una palabra, su mejor desempeño en 2017. La Bolsa sube contra viento y marea cuando, un par de semanas atrás, no hacía pie y se mareaba. No hay euforia, no confundir Wall Street con el reino de las criptomonedas. Los pesimistas crecen en número: son ya el 40% de los inversores minoristas. Tanto escepticismo, eso sí, es un buen motivo para ser optimista. La volatilidad accionaria esperada se elevó -con moderación- si es que uno le cree al índice VIX, si es que no cobró vida propia y dejó de ser una proxy confiable de la zaranda que podríamos enfrentar hacia delante. Septiembre, dicen los que creen en cábalas, es muy mal mes para la Bolsa. El peor desde 1928. O el segundo más odioso, detrás de agosto, en los últimos veinte años. Y cuando agosto vino mal, como ahora, la situación suele complicarse. Aunque las brujas no existen, quien examine los portafolios hallará un reposicionamiento a la defensiva. Notará la merma pronunciada en los rendimientos de los bonos -la tasa larga llegó a rozar el 2,08% y cerró en 2,16% a diez años- y el aumento del efectivo disponible (más la compra de protección frente a una caída). ¿Qué se teme? La relación entre el presidente Trump y el Congreso en franco deterioro, la agria interna republicana, y la proximidad de la fecha límite para resolver el aumento del "techo" de la deuda pública. El "rey de la negociación", así se autoconsagró Trump, no ha podido negociar nada con el Legislativo hasta el momento y si se da de bruces con el cielorraso causará zozobra. "Si se produce el "shutdown" (cierre -parcial- del Gobierno) habrá sangre", asegura un informe de S&P Global Ratings. Nadie, ni siquiera la calificadora, piensa que se llegará a un extremo, pero con Trump nunca se sabe. De obstinarse en conseguir los fondos del Congreso para la gran muralla mexicana, chocará también contra una pared.

Se esperaba que la economía estadounidense aportara 180 mil empleos en agosto, pero fueron "sólo" 156 mil. Y la tasa de desocupación subió una décima de punto, al 4,4%. ¿Frustración? No hay mal que por bien no venga. Si el mercado laboral enfría su ímpetu, la Fed deberá revisar sus planes de suba de tasas. Tal la lectura predominante tras la reacción favorable de la Bolsa. A decir verdad, la Fed no tiene pensado tocar nada antes de diciembre (y resta una eternidad). Achicará la hoja de balance, sí, empezará quizás el mes que viene, ya que con la tasa larga más cerca del 2% que de 2,50% y la Bolsa en récords, el semáforo de los mercados le muestra una luz verde. Agosto, por último, es un mes difícil de mensurar. En los últimos seis años, el informe laboral siempre arrojó una primera estimación por debajo de lo esperado. El año pasado se aguardaban 180 mil nuevos empleos netos y fueron 151 mil. Este año, respectivamente, 180 mil y 156 mil. En todos los casos, desde 2011, en un recálculo posterior, la cifra fue revisada al alza.

El semanario Barron´s trae en su tapa una calavera de toro secándose al sol y la pregunta inquietante: "¿Cómo va a terminar el mercado bull?". Nadie muere en su víspera. Los funerales de un mercado alcista jamás se hicieron por anticipado. Cuando se los preanuncia a viva voz, no es velorio sino la antesala de una inesperada pierna alcista. En fin, la respuesta es conocida. Los asesinos son una recesión o el celo excesivo del banco central. Tenemos la escena del crimen, pero no los victimarios. También puede caer un meteorito, un shock adverso impensado, pero por definición, si ocurre, no lo veremos venir.

Hay que pasar septiembre, levantar la barrera de la deuda pública. Arreglado el asunto con el Congreso, se disparará un resorte. La agenda de Trump -de nuevo con la reforma tributaria a la cabeza- podrá parecer vaga y vaporosa, pero ayuda: la repatriación de utilidades en el exterior es combustible de alto octanaje (e implementación no muy compleja). A la par, la economía acelera sin inflación a la vista; los balances darán que hablar a partir de octubre. Si Trump no destruye el bazar, es cuestión de saber esperar.

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