Algo de humor alemán para reírse de Hitler

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«Mein Fuhrer» (Mein Führer: Die wirklich wahrste wahrheit über Adolf Hitler», Alemania, 2007, habl. en alemán, hebreo e idish) Dir.: D. Levy. Int.: H. Schneider, U. Mühe, S. Groth, A. Altaras, S. Kurt, U. Noethen.

Alemania, diciembre de 1944. Adolf Hitler ya no es el de antes, está deprimido, quebrado, y el fiel Joseph Goebbels cree que sin algún tipo de ayuda, el Fuhrer no podrá convencer a las masas de que el Reich es indestructible. El ministro de propaganda apuesta por un maestro de actores para su jefe. Obvio, el maestro de actuación es judío y está en un campo de concentración. «La solución final no es algo personal», le explica Goebbels, luego de convidarle un sandwich...¡de jamón!

El escritor Kurt Vonnegut aseguraba que «cuando encuentre algo tan serio y grave como para que no pueda tomarlo en broma, será el momento de agarrar una pistola y pegarme un tiro en la cabeza». Por suerte, Vonnegut tuvo una muerte natural, pero su ejemplo de reírse de todo no siempre es fácil de imitar. Por ejemplo, en Alemania, nunca habían filmado una comedia sobre Hitler. Esta «Mein Fuhrer» es la primera.

Pensándolo bien, en realidad no hay grandes comedias sobre Hitler y el nazismo. Cuando Chaplin hizo «El Gran Dictador» se burlaba de Hitler en su cara. Aunque la mejor burla del Fuhrer quizá haya sido la de Moe, de Los Tres Chiflados, dando órdenes a diestra y siniestra con un peine a manera de bigote. Pero ya finalizada la guerra, el único que le encontró la verdadera vuelta a la burla del nazismo fue el Mel Brooks de «Con un fracaso millonarios» («The Producers»).

La verdad, nadie tiene muchas ganas de reírse con chistes sobre Adolf Hitler. De todos modos, si el chiste es bueno, no hay manera de no reírse, algo que pasa con los mejores gags y diálogos agudos de «Mein Fuhrer». Sobre todo al principio, el planteo agumental resulta atractivo, divertido y bastante jocoso, Luego, el director y guionista Dani Levy se preocupa demasiado por medir el nivel de incorrección política de los chistes (algo absurdo en una comedia sobre Hitler) y, por ende, empieza a entregarlos a cuentagotas. Los chistes surgen del contrapunto entre dos actores brillantes, Ulrich Muhe (el maestro de actores) y Sylvester Groth (Goebbels).

Como cine de mensaje, «Mein Fuhrer» gana un tanto al no endilgarle la culpa de todo a Hitler, al que describe como un psicópata utilizado por grupos de poder liderados por otros jerarcas nazis más fríos y cerebrales. Lo malo es que esta estrategia no ayuda a la comedia, empezando por un Hitler que sobreactúa su patetismo. Y el actor que lo encarna (Helge Schneider) se parece menos a Hitler que el Moe del peine como bigote.

«Mein Fuhrer» está muy bien filmada, no elude las escenas difíciles, tiene una dirección de arte y una ambientacion de época impactantes. Los gags son pocos pero buenos, aunque de todos modos, el que quiera reírse con una comedia alemana sobre Hitler, no tiene mucho más para elegir.

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