El BID aprobó ayer un crédito por u$s 850 millones para un programa destinado a facilitar el acceso de las familias pobres a servicios de salud, alimentación y educación.
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El crédito constituye un alivio para el Gobierno, que enfrenta serias dificultades para conseguir financiamiento en los mercados voluntarios de deuda. En el mismo sentido, llegó a comienzos de junio el anuncio del Banco Mundial de préstamos por más de u$s 4.000 millones para el saneamiento del Riachuelo. El propio ministro de Economía, Carlos Fernández, destacó la importancia del crédito, que «permitirá mitigar las consecuencias de la crisis internacional en nuestra economía» y reconoció su «fuerte impacto financiero, al permitir que el flujo neto de fondos entre la Argentina y el BID vuelva a ser positivo en 2009». De todos modos, tras el anuncio, el principal interrogante es cuándo se desembolsará el crédito comprometido.
Fernández viajará mañana a Santiago de Chile, en su primera actividad oficial después de las elecciones legislativas, con motivo de participar en un encuentro de ministros de economía de la región para avanzar en el proyecto de capitalización del BID.
Según informó el Banco, el préstamo aprobado ayudará también a realinear los actuales programas de transferencia de ingresos y financiará el diseño y la puesta en marcha de un nuevo sistema para detectar y dar seguimiento a los riesgos sociales que enfrentan las familias beneficiarias del Programa Familias, el mayor en transferencia de ingresos, lanzado en 2005 con apoyo del organismo.
Este financiamiento contempla, además, fortalecer la operación de programas nacionales de educación y alimentación, mejorando también su monitoreo y evaluación. A pesar de las cuestionadas cifras oficiales, estadísticas privadas aseguran que la pobreza aumentó fuertemente en 2007 y 2008. «Es un apoyo importante para las familias argentinas más vulnerables», dijo Carlos Hurtado, gerente del Departamento de Países del Cono Sur del BID. «El programa es, además, muy oportuno en estos momentos de crisis financiera global, cuando se hace fundamental resguardar los avances sociales de los últimos años», agregó. El préstamo constituye la primera fase de un programa de fases múltiples a ejecutarse en aproximadamente cinco años, y fue aprobado con un plazo de amortización de 25 años, un período de gracia de 18 meses y una tasa de interés basada en Libor.
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