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Amarga despedida en el Congreso de Zapatero
La mala imagen de José Luis Rodríguez Zapatero es un lastre muy pesado para la candidatura de su sucesor en el socialismo español, Alfredo Pérez Rubalcaba. Las encuestas vaticinan un amplio triunfo conservador en noviembre.
La crisis económica que el líder socialista negó inicialmente cuando comenzó en España en 2007 ha dejado casi cinco millones de desempleados, algo más del 20% de la población activa.
La destrucción de empleo ha sido el gran reto del presidente del Gobierno y la gran carta de la oposición, sobre todo del conservador Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, llamado según las encuestas a asumir el poder tras los comicios generales, en los que el candidato socialista no será ya Zapatero, sino el exvicepresidente y exministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba.
Hace algo más de un año, Zapatero intentó frenar el aumento del desempleo con una controvertida reforma laboral que abarató el despido y que le valió, en septiembre de 2010, una huelga general convocada por los sindicatos, los mismos con los que mantuvo una buena relación en su primera legislatura (2004-2008), marcada por las políticas y los avances sociales y en la que España registró la tasa de desempleo más baja en 30 años (8,3% en 2007).
La crisis económica y su gestión han sido la tumba política de Zapatero, de 51 años. El drástico plan de recortes que puso en marcha en 2010, con una reducción del gasto social incluida, hundió su popularidad, que fue alta durante su primer mandato.
Él defendió a capa y espada la necesidad de las reformas para la reducción del déficit público, al que su Gobierno se comprometió con la Unión Europea (UE), del 6% del PBI en 2011. Y lo hizo hasta el punto de empeñarse personalmente. «Tomaré las decisiones que España necesita aunque sean difíciles. Voy a seguir ese camino cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste», dijo.
Y a él y a su Partido Socialista (PSOE) les ha costado mucho. En las elecciones municipales y autonómicas de mayo, los socialistas perdieron casi todo su poder territorial y el PP de Rajoy alcanzó la mayor cota del mismo en su historia.
Ahora, a tenor de lo que llevan tiempo pronosticando las encuestas, Rajoy llevará a La Moncloa a la formación conservadora, que tras las dos legislaturas de José María Aznar (1996-2004) habría sido expulsada de ella por Zapatero.
El presidente del PP se sabe ganador. Y ayer habló en el Congreso de los Diputados como futuro jefe del Gobierno. «Usted deja una herencia envenenada», espetó a Zapatero en la última sesión de control al Gobierno a la que asistió, no sólo como jefe del Ejecutivo, sino también como diputado.
«También nos deja lecciones para el futuro», añadió Rajoy. Y enumeró una lista de siete acciones que recriminó a Zapatero. «En economía hay que hacer un buen diagnóstico de la realidad y no engañar», le dijo entre otras cosas. «No hay que generar falsas expectativas».
Lo cierto es que Zapatero ha afrontado la peor crisis económica en la reciente historia de España, una crisis enmarcada en una mundial, económica y financiera, en la que además últimamente los mercados están acosando al país.
El presidente del Gobierno recordó ayer que en su primer mandato, el desempleo alcanzó su cota más baja. «Alguna circunstancia habrá que explique las dificultades que hemos tenido en esta Legislatura», dijo a Rajoy en su agria despedida parlamentaria. «Tengo confianza plena en España», añadió.
Agencia DPA


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