12 de noviembre 2009 - 00:00

Aníbal F. ratificó teoría del complot y defendió la pasividad policial

Aníbal Fernández entretuvo más de tres horas a opositores como Adrián Pérez y Oscar Aguad, y a kirchneristas como Héctor Recalde y Carlos Kunkel.
Aníbal Fernández entretuvo más de tres horas a opositores como Adrián Pérez y Oscar Aguad, y a kirchneristas como Héctor Recalde y Carlos Kunkel.
Contestó todo, incluso las preguntas que estaban fuera de temario. Incontinente, Aníbal Fernández reflotó una vez más en la Cámara de Diputados la teoría del complot contra el Gobierno nacional y aseguró que la ola de protestas sindicales, políticas y sociales no son casuales: «Si lo que están pensando es que nos vamos a ir o nos van a echar, que se saquen la idea de la cabeza; se los garantizo».

Hasta tuvo tiempo para una extraña justificación de la postura del Gobierno frente a los acampes piqueteros, marchas de protesta, paro de subtes y discursos políticos que, según el jefe de Gabinete, «de casuales no tienen nada y están siendo investigados por profesionales. Es preferible pagar costos políticos que sangre, heridos o muertos. No tenemos que ver con la Policía de la provincia de Buenos Aires, no tenemos nada que ver con el caso de Kraft, ni en el de Segovia», fue la respuesta del funcionario, desligándose de las fuerzas de seguridad de Daniel Scioli, para justificar la pasividad frente a supuestos atentados contra el orden democrático.

Fue el momento de mayor tensión durante la exposición de informes de gestión de Fernández en la Cámara de Diputados. Una ex aliada del oficialismo, la diputada de Libres del Sur, Victoria Donda, le recriminó al jefe de ministros el enfrentamiento de la Policía con los trabajadores de la fábrica Kraft sobre la Panamericana y la agresión en Plaza de Mayo a un grupo de jóvenes de una cooperativa. El planteo de la integrante de la agrupación HIJOS no estaba previsto en el temario, y el presidente de la Cámara baja quiso excusar al funcionario de responder el incómodo planteo. Pero Fernández dejó claro que quería dar una respuesta y explicó que el Gobierno «asumió desde el principio una posición respecto de la protesta social, inclinándose por que la gente se exprese», reemplazando, sólo por un momento, la teoría de la desestabilización para invocar ante los Diputados la espontánea expresión de la «gente».

«Venimos observando hechos puntuales en las calles, los que -según el análisis de nuestros especialistas y profesionales- no muestran nada de casuales, aleatorios o absolutamente circunstanciales. No he imputado a nadie, aunque creo tener más o menos la idea de dónde provienen estas cosas. Algunos se han animado a hablar y a hacer comentarios respecto de vocaciones de algunos dirigentes en retirada o de pagos por algunas acciones». La acusación tácita de Fernández enseguida se corporizó tangencialmente en Elisa Carrió, Julio Cobos, Eduardo Duhalde y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP): «Dirigentes que se dicen representativos de la comunidad andan con cartas por las embajadas, haciendo pasar vergüenza a los argentinos al denunciar cosas que sólo Dios sabe. A eso debemos sumar que el vicepresidente de la Nación se dice representante de una parte importante de uno de los principales partidos políticos del país, y se expresa delante de la SIP, que no es otra cosa que una cámara empresaria».

Durante más de tres horas de exposición, el jefe de Gabinete repasó los logros macroeconómicos del oficialismo y la entereza con la que el país enfrentó una de las crisis financieras más profundas de los últimos tiempos. «Se registró un fuerte crecimiento en la obra pública, del 59,5 por ciento; la postergación del aumento en las tarifas; dos subas en la movilidad jubilatoria, el 11,7% en marzo y un 7% en setiembre; la formalización de una propuesta de canje a los holdouts y el acercamiento al Club de París para encarar la cancelación de la deuda. El gasto público en infraestructura y en vivienda ha tenido un rol fundamental para evitar que la caída haya sido mayor», fue el núcleo duro de los aciertos económicos de la gestión de Cristina de Kirchner.

El éxtasis

La teoría del complot había rozado su éxtasis el 19 de julio del año pasado, en la mañana siguiente al voto no positivo de Julio Cobos contra las retenciones móviles. Ese día el matrimonio presidencial amenazó con una renuncia en masa del kirchnerismo, en medio de denuncias de conspiraciones urdidas entre la Mesa de Enlace, el vicepresidente, Duhalde y el Episcopado.

Al igual que en el invierno del año pasado, ahora el Gobierno convocó a través de la CGT de Hugo Moyano una marcha a Plaza de Mayo para repudiar a los «grupos desestabilizadores». Por ahora, las organizaciones sociales alineadas con el oficialismo no se pronunciaron sobre la concentración organizada por Hugo Moyano para el viernes 20. Llama la atención tratándose de aliados incondicionales como el Movimiento Evita de Emilio Pérsico.

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