Apertura del PJ, sólo parcial y condicionada

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La hipótesis de que, sin Néstor Kirchner, el peronismo puede ingresar en una etapa de reunificación, con la incorporación de figuras que tomaron distancia del Gobierno, empezó con las horas a desvanecerse.

El motivo es sencillo: una cosa es el planteo inicial, genérico, de contener a «todos los peronistas» -que solía, incluso, plantear el ex presidente-, y otra, la inclusión de dirigentes que abandonaron el universo K para alimentar formatos críticos.

En una etapa de expansión, en medio de la ola social que desató la muerte de Kirchner, en el kirchnerismo se instaló la idea de que la dirección en que, de darse, debe transitar ese proceso depende de los que se fueron.

José María Díaz Bancalari usó, ayer, una frase típica: «Los que se fueron sin que los echen vuelven sin que los llamen», dijo el diputado y expresó, con sencillez, lo que plantean ministros y referentes K que, entre otras cuestiones, establecen requisitos para aceptar el regreso y hasta arriesgan una lista de excluidos.

En concreto, cuando se habla del Peronismo Federal, la nómina -que varía según los voceros pero que, a grandes rasgos, gira sobre el mismo concepto- incluye a Felipe Solá y a Mario Das Neves, sobre todo porque fueron los dirigentes que emitieron mensajes más conciliadores tras la muerte de Kirchner.

Esos comentarios fueron leídos en Gobierno como señales de buena voluntad aunque, todavía, ese proceso está en etapa de gestación y puede, incluso, que en las próximas horas ni Solá ni Das Neves manifiesten intención de reintegrarse al peronismo alineado con la Casa Rosada.

Hay otro análisis más y refiere a que las posturas del bonaerense y del chubutense, aun como gestos de humanidad, también fueron decodificados en clave política como demostración de que esos dos dirigentes leen que, en esta hora, el Peronismo Federal se quedó sin destino.

«Sin Kirchner, que era contra quien actuaban, ¿qué van a hacer? Si antes no tenían chances, ahora menos», confió, anoche, un ministro. Otro miembro del gabinete hizo un análisis parecido y metió en la discusión otro nombre: el de Eduardo Duhalde.

Según ese funcionario, el ex presidente interino entrará en un tiempo de silencio porque la muerte de Kirchner y el nivel de adhesión que logró Cristina de Kirchner le quitan «escenario desde donde plantarse críticamente».

Duhalde, a su vez, entra para otros en la lista de los excluidos. «La matriz ideológica del Peronismo Federal es muy distinta a la nuestra. Ahora si ellos, por especulación, quieren estar con nosotros porque afuera no tienen destino, es otra cosa. Vengan y vemos», afirmó un operador K.

Junto a Duhalde, entre los excluidos -los que, en la mirada inicial, no tienen retorno-, figuran también Juan Carlos Romero y, entre otros, los hermanos Rodríguez Saá, a quienes les reprochan, incluso, que ni siquiera tuvieron el gesto de participar del velorio de Kirchner.

«¿Qué vas a hablar con Alberto si ni siquiera fue a saludar a Cristina?», se preguntó, anoche, un gobernador que promueve, de todos modos, el acercamiento con sectores del PJ que se distanciaron del Gobierno, pero se concentra en dirigencia media y territorial.

Otra mirada reduce un posible entendimiento con el Peronismo Federal a partir de que éstos, ahora sin Kirchner, acepten participar de una primaria del PJ contra un candidato del oficialismo, en teoría Cristina de Kirchner.

Es una invitación a la nada misma: Kirchner también deslizaba esa propuesta y hasta hubo gestiones para que Duhalde intervenga de la interna abierta peronista. Las mismas reservas sobre competir en esa elección -sospechada por el PF- se mantienen vigentes más allá de la ausencia del ex presidente.

El escenario, en ese caso, podría ser diferente para Francisco de Narváez, otro que sin Kirchner delante, parece perder el antagonismo que le permitió irrumpir en 2009 como un dirigente ganador.

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