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Apuestas: ¿hacia dónde va el euro?
Angela Merkel
Los euroescépticos venden el euro, apostando a su debilitamiento. Y los más extremos, el quebrantamiento de la moneda. Esta situación está generando grandes dificultades económicas en la eurozona. Un círculo vicioso, que realimenta el pesimismo. Las dudas incentivan pérdidas de valores de los activos europeos y, consiguientemente, del empleo y actividad. Todo ello agranda déficit fiscales, desvaloriza bonos y acciones, frena industrias, alimenta protestas. Los depositantes de los bancos en las naciones más afectadas los transfieren a países más seguros, restando capacidad de préstamos en esos países. Se cubren del riesgo de posibles conversiones a dracmas, pesetas, escudos, etc. Una bola de nieve que restringe el crédito y la actividad. Urgidos por la crisis, la dirigencia europea está adecuando las instituciones y adoptando correcciones fiscales, financieras y estructurales. Acordando transferir decisiones -soberanía nacional- a la Comunidad Europea. Y arreglos para asegurarlo.
Los «payoffs» de las apuestas son asimétricos y los riesgos sumamente elevados.
Asimetrías
Una trilogía de hierro. Los apostadores contra el euro descubren, en el rompimiento de la moneda común, la solución de los problemas europeos. Las asimetrías nacionales serían inabordables y cada país podría devaluar su moneda en vez de ajustar sus cuentas fiscales y externas. No se dan cuenta de que un mercado común realmente integrado debe facilitar el libre movimiento de capitales y la estabilidad de los precios entre los estados miembros. Esta condición impide políticas monetarias descoordinadas. Entonces no es posible un mercado común integrado con monedas independientes. De ahí la necesidad de una moneda común y un banco central autónomo, vedado de financiar a los fiscos nacionales. Angela Merkel, canciller de Alemania; las otras autoridades europeas; Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, han manifestado la irreversibilidad del euro. Enfatizan la importancia de coordinar las políticas fiscales nacionales, para evitar desbalances y que un país se aproveche de la capacidad de endeudarse del conjunto. También sancionarán una autoridad bancaria común, con capacidad de resolver la liquidación o reestructuración de las entidades financieras mayores y garantizar depósitos bancarios. Estas medidas están en proceso. Los apostadores erran si se basan en la supuesta debilidad irreversible de las instituciones y situaciones diferenciales de algunas naciones. En Europa es esencial reconocer la disposición de sus dirigencias de superar los conflictos, ajustando expectativas, contratos de organizaciones, como lo están haciendo los países miembros. Es curioso que impacten más las manifestaciones callejeras de algunos miles de personas, en el ánimo de opinadores, que el compromiso creciente de la dirigencia, sostenido en las votaciones políticas de millones, en una evolución transparente y democrática. Las instituciones europeas están demostrando, con su aprobación de las medidas de contracción de gastos, de mayores impuestos, de liberalización de la competencia, su vocación para consolidar la UE y el euro. El proceso de transformación económica y política tiene alcances impensados. Las asimetrías comentadas serán niveladas. Las manifestaciones populares prueban que los ajustes son dolorosos, pues muchos pierden ventajas personales, conseguidas a costa del conjunto.
En este programa están comprometidas las autoridades europeas-nacionales y las comunitarias. Las medidas fiscales fueron apoyadas por 25 de los países de la UE, excepción del Reino Unido y de Rep. Checa, ambos todavía fuera del euro.
Hacia adelante, los gobiernos nacionales sólo cederán soberanía en aquellos rubros fundamentales para afianzar al euro y la UE. Y en la medida en que la crisis los fuerce a requerir el auxilio de los recursos comunitarios. En la emergencia, los fondos del Banco Central Europeo son un incentivo poderoso. Al mismo tiempo, BCE no tiene legitimidad para determinar políticas nacionales, por lo cual el programa de compra de bonos, OMT, exige la previa solicitud de asistencia al Fondo EFSF/ESM y el compromiso de cumplir las condiciones acordadas, lo que requiere el voto de los gobiernos nacionales. A su turno, los países destinados a inaugurar ese programa, España e Italia, quieren evitar la humillación de someterse a ajustes dictados desde afuera. Por eso se adelantan y los aprueban antes. Al mismo tiempo, aguardan a que concluyan elecciones importantes. Esperamos que España solicite asistencia, luego de las elecciones en Galicia y País Vasco.
Así y todo, aún faltan medidas. Recomendamos fijar la moneda euro en las constituciones de cada país miembro, para reforzar la irreversibilidad de su pertenencia. Ello reduciría la fuga de los depósitos, ante el temor a la «pesetización», «dracmación» o cualquier conversión sorpresiva. Y afianzaría el compromiso con la moneda común.


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