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Aquí no ha pasado nada
Julio Falcioni sonríe en medio de la charla con el presidente Daniel An-
gelici, que fue al entrenamiento a apoyarlo. Para ellos la crisis terminó.
Falcioni sacó a la luz su molestia de estar a la sombra de Riquelme. No le debe haber gustado nada que, en Barinas, le hayan dado las llaves de la ciudad a Román y a él lo ignoraran. Hasta en el tema periodístico, donde se sentía protegido por algunos medios en los que no da reportajes Riquelme, pero estos medios también empezaron a criticarlo por sus planteos defensivos. Falcioni siente que su trabajo no fue reconocido, que critican sus manera de parar el equipo en la cancha y sus cambios. No valoran que fueron los mismos que llevaron a Boca al campeonato y a la vuelta a la Copa Libertadores, que no jugaba hace tres años. Sin embargo, en medio de su decepción, hizo lo único que no tenía que hacer: ponerse a todo el plantel en contra.
Su ataque de furia contra uno de los jugadores que él trajo (Darío Cvitanich) por presunta desobediencia hizo que el liderazgo de Riquelme se reafirmara. Román lo encaró delante de todos para que aclarara las cosas y defendió a Cvitanich. Falcioni, en lugar de terminar la discusión ahí, la siguió en el avión con sus ganas de renunciar planteadas al presidente de Boca y su veladamente sugerido «Riquelme o yo».
Toda la crisis que se desató después en Buenos Aires y las dudas del técnico, que recién después de 2 horas de reunión con sus colaboradores decidió dar marcha atrás con la renuncia, agudizaron las cosas. Mientras Riquelme en el aeropuerto decía que «no había pasado nada» y que él «nunca va a revelar lo que se habla en el vestuario» y que «nunca desobedecía a un técnico».
Por ahora, todo sigue igual. Falcioni es el técnico y Riquelme, el capitán. Pero este tipo de crisis no quedan en nada. Falcioni sabe que en Boca tiene fecha de vencimiento y que es muy cercana.


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