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Arengas para convertir la política en una guerra
Ni los pronósticos de mal tiempo ni la siempre presente crisis energética conspiraron contra los comicios legislativos venezolanos. Debido a la alta afluencia, en muchas mesas se siguió votando después de la hora de cierre de las urnas.
Semejante alarde de lenguaje militarista, en rigor, fue la tónica de toda su campaña para las legislativas de ayer, en la que puso en juego tanto una movilización bélica de su aparato político como la identificación de la oposición como un enemigo a aplastar. Para él, la política definitivamente ha devenido en guerra.
Durante las últimas semanas, el bolivariano apeló a su discurso más beligerante y organizó una estrategia electoral en sorprendente clave militar en su intento de retener el control de la Asamblea Nacional (parlamento unicameral).
Así, dispuso que el plan de «ataque» comience el «260SEP2010» -es decir, a partir de las 6 de ayer-, y lo dividió en cuatro fases a lo largo de la jornada. «¡A paso redoblado! Esto significa acelerar el arrollamiento y la demolición. A echar el resto», arengó a sus fieles seguidores, en uno de los tantos mensajes que escribió en internet, con profusión de signos de exclamación y de mayúsculas, que equivalen a gritos.
En respuesta, una marea roja compuesta por dos millones de activistas chavistas inundó las calles de 87 circuitos electorales para buscar «una nueva hegemonía revolucionaria en AN». Los militantes fueron puerta por puerta arengando a la población para que acudiese a votar e, incluso, no temieron dar la impresión de presionarla al ofrecerse como «acompañantes».
«Todo lo que haga va ir en detrimento de la democracia. El presidente intenta aplastar a la oposición con toda su maquinaria y generar miedo a quienes no elijan su propuesta», dijo por teléfono el conocido periodista venezolano Nélson Bocaranda a Ámbito Financiero. «El terror va de la mano de la campaña de Chávez», que tiene un tono militar «altísimo», agregó.
«Chávez trabaja a través de la intimidación y el acoso a la oposición democrática; le aterroriza que haya detractores suyos dentro de la AN», enfatizó. «Es que él sabe que la gente está molestísima» con su Gobierno, indicó, en referencia al descontento popular por la tasa de homicidios, la crisis energética y la imparable inflación.
«¡¡Máxima movilización, empujar fuerte en todo el frente de batalla!! Todos los Comandos Bolívar200: ¡Mantener el ímpetu del ataque! ¡Venceremos!», twitteó el mandatario a media tarde de ayer, poco antes de que cerraran los centros de votación.
Uno de los principales cuestionamientos a la insistencia del mandatario de presentar a los opositores como «enemigos» de Venezuela a los que hay que «demoler» es lo explosiva que puede resultar en un país que posee una de las tasas de portación individual de armas más elevadas del continente.
«Aquí la gente tiene mucho miedo. A pesar de que la oposición hizo una buena campaña, la cantidad de milicianos de Chávez en la calle pareciera configurar un estado de sitio», indicó por su parte una conocida periodista del diario El Universal de Caracas, que pidió que no se revele su nombre. «No bastan los observadores internacionales. Es sabido que varios jóvenes líderes y otros miembros de la oposición aparecieron muertos de la noche a la mañana», agregó.
Esta accionar de Chávez es una jugada de doble filo, ya que más allá de los resultados electorales, podría costarle nuevos cuestionamientos en el exterior.
«A Chávez no le conviene seguir con este tipo de comportamientos, sobre todo a nivel internacional, él necesita dar una buena imagen al mundo», explicó Bocaranda.
Cuatro años después que fuera presentado el Protocolo Adhesión al Mercosur, Venezuela aún no consigue ingresar como miembro pleno. Su postulación fue aprobada por los poderes legislativos de la Argentina, Uruguay y Brasil (en este último a duras penas) y aún resta el aval de Paraguay.
Al igual que entonces habían esgrimido sus pares del bloque, el vicepresidente y titular de la Cámara alta paraguaya, Federico Franco, afirmó que el principal obstáculo para dar por cerrado el trámite son las «actitudes antidemocráticas» de Chávez, e invocó la denominada «cláusula democrática» del Mercosur.
Si bien la legitimidad de origen de su Gobierno no está en discusión (ha sido votado por una mayoría repetidamente), sus diatribas y actos contra los detractores a su proyecto socialista son vistas de modo cada vez más crítico en la región.


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