Argentina y el FMI negocian una baja del déficit fiscal flexible (pero sin emisión)

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Es otro de los capítulos claves que se discuten entre los enviados del Gobierno y los responsables técnicos del organismo para el caso argentino.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) podría ser flexible con la Argentina en cuanto a lograr un equilibrio fiscal en cierto tiempo, con un programa gradual y bastante prudente en relación a los ajustes sociales a los que se deberá comprometer el país. Sin embargo, los permisos para sostener el déficit en una tendencia decreciente menos dramática que lo habitual, tendrá su precio: el organismo que maneja Kristalina Georgieva será duro con el nivel de emisión monetaria. Dicho de otra manera, el déficit del período 2022-2025 (año en el que debería haber una contracción importante), deberá ser cubierto con colocación de deuda, sin importar que ésta sea lanzada en moneda nacional o divisas. Por lo demás, se discute con el organismo que se adopte cierta flexibilidad en cuanto a la búsqueda permanente del déficit cero, y que se acepte por potable algún tipo de desequilibrio manejable inferior al 1%.

Este es otro de los capítulos clave negociados en estas horas en Washington, entre el equipo argentino liderado por el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, y los responsables de discutir el caso desde el FMI, la directora adjunta para el Hemisferio Occidental, la norteamericana Julie Kozac, y el delegado para el caso argentino, el venezolano Luis Cubeddu. Los cuatro (más el embajador local ante el FMI Sergio Chodos), discuten desde ayer a agenda abierta, pero tocando cada uno de los tópicos que aún quedan abiertos para lograr el Facilidades Extendidas, que regularizaría la deuda por unos u$s 44.800 millones que se mantienen con el organismo.

La flexibilidad en cuanto al ajuste fiscal, pero con una mayor presencia del lanzamiento de deuda por sobre la emisión monetaria; se suma a la negociación adelantada ayer por este diario, sobre la continuidad de las restricciones cambiarias. Según lo que se discute en la capital norteamericana, la idea compartida entre Argentina y el FMI, es que la brecha cambiaria actual superior al 80% se vaya reduciendo, y que las reservas del BCRA se recompongan a un ritmo no menor a los u$s5.000 millones anuales en los próximos cinco años, como para demostrar que es posible llegar a después del 2025 con una cantidad de dólares en guarda del Central medianamente importante. Saben tanto en Argentina y en el FMI, que la sustentabilidad del desmantelamiento de las restricciones para el acceso a los dólares para el público y empresas (fundamentalmente el financiero), dependerá de la existencia de divisas en las reservas. Para los argentinos es un resultado absolutamente lograble, teniendo en cuenta que se proyectan para este año exportaciones por algo más de u$s70.000 millones, las que podrían transformarse en u$s80.000 en 2022 y alcanzar los 100.000 millones en algunos ejercicios.

Se considera que una reapertura amplia y rápida de las trabas y el acceso a las divisas de particulares y empresas, generaría una corrida contra el peso que llevaría al tipo de cambio oficial a niveles impensables. O como describió uno de los negociadores ante el FMI, Argentina se transformaría en un país con un PBI en dólares similar al de El Salvador y con una pobreza de no menos del 70%. Además de, obviamente, el gobierno de Alberto Fernández, también el FMI está en contra de este escenario, ya que lo último que quiere o busca con un acuerdo con la Argentina, es que semanas después de firmado, y comenzadas a aplicarse las medidas que se pacten entre las partes; el país entre en una espiral de crisis que señale al Fondo como el máximo responsable. Más teniendo en cuenta que Argentina es, con el 61% del total de la deuda colocada, el principal acreedor del organismo financiero. Y una crisis generada por la regularización de la deuda sería una mancha imposible de borrar para la historia del organismo financiero internacional. Para tener en cuenta lo que representa ese 61%, el segundo acreedor es Ecuador con un 13%, tercero Irak con 6%, seguidos por Bosnia y Angola (4% cada uno) y Egipto (3%). Está claro además porqué Argentina es un caso central en el transcurso de la Asamblea Conjunta entre el FMI y el Banco Mundial que hasta el domingo se concreta en Washington.

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