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Assayas: “Carlos fue un artesano de la maldad”
Olivier Assayas: «Rodríguez Sánchez era un hombre de acción y mundano a la vez».
Periodista: Usted fue jurado del reciente festival de Cannes, cuyas autoridades expulsaron a Lars von Trier a causa de sus declaraciones más o menos favorables a Hitler. Al mismo tiempo, el festival subrayaba su apoyo a la libertad de expresión. ¿Fue correcto, entonces, expulsarlo?
Olivier Assayas: El límite de la libertad de expresión es la estupidez. Él es un gran artista pero se hizo un personaje de provocador, se encerró en él, y llegó un momento de insensatez donde su megalomanía le hizo decir cualquier cosa. Y derrapó. Ni se dio cuenta que la provocación tiene un límite. Lo que dijo lastimó a gente que sufrió bajo el nazismo. Luego comprendió su estupidez, pero se la echarán en cara largo tiempo.
P.: Insisto con la pregunta. Además, ¿lo habrían echado si en vez de Hitler hubiera elogiado a Bin Laden?
O.A.: Personalmente yo hubiera condenado la estupidez e irresponsabilidad de sus declaraciones. Sobre la expulsión, es cierto, el festival debería responder. De todos modos, hay proporciones. Bin Laden hizo muchísimo menos daño que Hitler, Stalin y otros que realmente llegaron al poder. Y frente a todos ellos «Carlos», Illich Ramírez Sánchez, alias El Chacal, fue apenas un artesano de la maldad, inflado por los medios.
P.: ¿Cómo supo de su existencia?
O.A.: En su momento leí lo que decían los diarios, pero no me interesaba demasiado, ni siquiera cuando dio su gran golpe secuestrando a todos los ministros de la Opep en Viena. Recuerdo muy bien, eso sí, la matanza de calle Toullier, en París, cuando asesinó a tres personas que fueron a identificarlo, porque conozco esa calle. También, la entrevista en «Le Figaro» y los atentados ferroviarios cerca de Paris cuando la policía detuvo a su entonces esposa Magdalena Kopp. Y su detención, claro.
P.: ¿No era un personaje popular?
O.A.: Los medios lo mencionaban mucho, sobre todo desde que «The Guardian» lo bautizó como «el chacal». Para la derecha, él encarnaba la conspiración comunista mundial ansiosa de desestabilizar a Europa. Pero la izquierda europea, por lo general opuesta al terrorismo, lo veía como un invento de la derecha, un tipo sospechoso, incoherente, que ejercía violencia gratuita, muy vinculado a servicios secretos de países árabes poco democráticos. Entiendo que en otras partes del mundo lo miraban con gran simpatía. Igual lo terminaron entregando.
P.: ¿Qué aspecto, de todo eso, lo atrapó para hacer el film?
O.A.: El productor Daniel Leconte me acercó un proyecto centrado en la búsqueda y detención de Carlos. Al leer los documentos reunidos para el film por Stephen Smith, toda su vida me pareció absolutamente interesante. Era un tema extraordinario, la oportunidad de retratar un mito contemporáneo, reflexionar sobre realidad y mito, aspecto mediático y trasfondo político, etc. Raro que nadie antes lo hubiera pensado. Entonces propuse hacer algo más grande.
P.: Le salió enorme. A propósito, ¿qué diferencia básica hay entre la miniserie de 330 minutos y la película de 165?
O.A.: Para mí nunca fue una serie sino una película larga, así se vio en Cannes y se estrenó en algunos países. Luego hice la versión condensada, para un público más amplio. Sin frustración, porque cualquier interesado puede acceder a la versión integral. Pero lo interesante, es que en la reducción quedaron los aspectos biográficos más documentados. En la integral hay más ficción, más escenas de nuestra sola imaginación.
P.: En ambas, se ve que lo imaginaron más lindo de lo que era.
O.A.: Si, el actor Edgar Ramírez es más lindo. Pero dicen que, de joven, Carlos también tenía su atractivo. Hasta sus enemigos hablan de seducción, magnetismo. Era un tipo fuera de lo común, hombre de acción y mundano a la vez. En Inglaterra le decían el terrorista de los cocktails, y no por los Molotov. También era obsesivo por su aspecto personal. Usaba buena ropa y pasaba horas en el baño, abusando del talco y el perfume. Todas las mujeres que vivieron con él señalan su obsesión narcisista y su malestar porque se veía gordo. Para mi ese aspecto es importante, debía destacarlo a lo largo de la primera parte para que después el público notara más su degradación.
P.: Hay una parte donde parece menos egocéntrico, cuando se preocupa por el compañero herido durante la toma del edificio de la Opep, y en medio de los tiros pide a las autoridades que lo operen de urgencia.
O.A: No se engañe. Lo protege solo desde una mirada utilitaria. Se ocupa del herido pero también exige que se lo devuelvan apenas operado para llevarlo en el avión donde se han de fugar inmediatamente, y no por compañerismo, sino para que no lo interroguen. Se le pueda morir en el camino, le da igual. No era un chacal, pero tampoco era una buena persona.
* Enviado Especial


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