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Atenas: la lucha de la política contra la política
Decía Angela Merkel, la premier alemana, un año atrás: «Esto es una lucha entre la política y los mercados. Debemos restablecer la primacía de la política». Grecia, al igual que Irlanda y Portugal, perdió la batalla de los mercados. Pero Merkel tuvo razón, la política prevaleció: no hay acceso a los mercados de capital, tampoco interrupción de pagos. La Unión Europea y el FMI cubrieron la brecha. Pero su plan de salvataje suponía que los mercados, el año próximo, concederían una tregua, que levantarían la veda de manera progresiva. Y ello hoy luce inalcanzable. Aquí es donde debía tallar la austeridad, en este vacío se evidencia su fracaso estrepitoso. Grecia supo ser grado de inversión; hoy ostenta la calificación CCC de la agencia Standard & Poors. No hay otra peor para un soberano a menos que incurra en el incumplimiento de sus obligaciones. Créase o no, la idea de apurar el ajuste fiscal era la de provocar el consabido «shock de confianza». ¿Cómo fue que se logró todo lo contrario, que la confianza se pulverizó? Hay que hacer memoria y recordar los tiempos de la furia europea por la manipulación griega de sus estadísticas (allá por fines de 2009, cuando también el titular del BCE, Jean-Claude Trichet, decía que si Atenas no se apretaba el cinto, no tendría otra salida que un default, ya que los tratados de la integración no permitían los rescates). Fue Europa la que destruyó la reputación de Grecia, parte como castigo, parte como acicate para que aceptara la medicina del ajuste. Pero fue Alemania la que le disparó el tiro de gracia. Demandar un oxímoron -que el salvamento debía ser «no concesional»- fue el error fatal. Tomado al pie de la letra, significaba que el rescate no debía proceder mientras Grecia tuviera la posibilidad de fondearse en los mercados. Y así fue que se frenaron todos los desembolsos hasta que Grecia, puesta a merced de los mercados, perdió por completo la pulseada. Si se mide la confianza por las tasas de interés a las que cotiza la deuda griega que flota en los mercados se observa con claridad que ese daño original no pudo nunca corregirse. Si bien la asistencia mantiene los pagos al día, no impide un deterioro creciente que tiene al default como ominoso telón de fondo.
Parafraseando a Merkel: «Esto es una lucha entre la política y la política». Si se quiere esquematizar, entre el Banco Central Europeo (BCE) y Alemania (representada convenientemente por su ministro de Finanzas, no por su máxima autoridad política). Berlín pretende llevar de nuevo el combate a los mercados. Esto es, cerrarle el paso a la huida de los acreedores privados que gracias al rescate con fondos públicos -a medida que se cancelan los vencimientos de capital e intereses- reduce su exposición. El BCE se opone a rajatabla. La amenaza sobre la estabilidad financiera alimenta su rechazo. Lo dijo ayer Vitor Constancio, vicepresidente del BCE, sin dar los habituales rodeos, es el «contagio» que puede ocasionar Grecia lo que importa, «por eso estamos en contra de cualquier intervención que pueda generar un evento crediticio o de calificación». La baja de calificación, en el caso de Standard & Poors, no se pudo evitar. Interesa resaltar que la agencia no justificó el recorte a CCC por la situación griega en sí, sino por la postura pública de varios gobiernos europeos a favor de tratamientos que serían catalogados como un «hecho de incumplimiento». Aquí Alemania juega otra vez con fuego: un canje como el que propone su ministro de Finanzas sería condenado por las agencias calificadoras, pero probablemente no por la ISDA, la asociación que regula el mercado de CDS, los contratos que cubren los riesgos de un impago. Quien se quema con leche, a decir verdad, no debería proponer la revolución en los tambos, pero es así. Un error de cálculo, valga la redundancia, tendría efectos incalculables. Si los contratos de CDS no cubren un episodio de default convenientemente amañado, cabe preguntarse ¿para qué sirven? ¿Qué pasará, entonces, con la deuda de otros soberanos que también están en la cornisa y que gozan la misma supuesta protección? Que la troika que conforman la Unión Europea, el BCE y el FMI discuta a viva voz estos asuntos delicados y no sea capaz de tomar una decisión es una invitación permanente al desastre. Los mercados la desecharon, pero ayer le dieron una segunda mirada. No sólo la alta política define. Los hechos en Grecia recordaron que también la soga se puede cortar por lo más delgado.


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