11 de abril 2016 - 00:00

Aunque imperfecto, potente concierto de Nuova Harmonia

La prestigiosa mezzo alemana Angelika Kirschchlager suplió con entrega e intensidad algunas imperfecciones de su voz y la Cappella Istropolitana exhibió algunas desprolijidades.
La prestigiosa mezzo alemana Angelika Kirschchlager suplió con entrega e intensidad algunas imperfecciones de su voz y la Cappella Istropolitana exhibió algunas desprolijidades.
Cappella Istropolitana. Director y concertino: R. Marecek. Solista: A. Kirchschlager (mezzosoprano). Obras de F. Schubert, J. Strauss (h), R. Stolz, R. Heuberger y R. Sieczynski (Nuova Harmonia, Teatro Coliseo, 8 de abril).

Con un programa que bien habría podido ser titulado "Viena en mi corazón", la asociación Nuova Harmonia abrió su temporada de conciertos, que, como es habitual, se repartirá este año entre su sede principal, el Teatro Coliseo (cuyas reformas avanzan), y el Colón. El menú estuvo a cargo de la Cappella Istropolitana y el atractivo principal fue la presencia de la mezzo salzburguesa Angelika Kirschchlager.

El ensamble eslovaco dirigido por Robert Marecek propuso un programa arriesgado no tanto por las características del repertorio sino por el desafío de interpretarlo en una formación de cámara (que siempre puede desnudar detalles que en una gran orquesta pasan más inadvertidos) y con Marecek cumpliendo al mismo tiempo la función de concertino; en este punto, tal modalidad dificultó en reiteradas oportunidades la concertación y la prolijidad general. Con todo, es evidente que Marecek realizó en ensayos un trabajo cuidado de dinámicas y fraseos. La Cappella abrió el fuego interpretando la Sinfonía número 3 de Schubert y en la segunda mitad del concierto ofreció la obertura de "El murciélago" y el vals "Sangre vienesa" de Strauss hijo.

Kirchschlager, por su parte, también asumió desafíos importantes y opuestos. En la primera parte, íntegramente dedicada a Schubert, la interpretación de cuatro de sus más famosas canciones en arreglos para voz y cuerdas ("Im Frühling", "Der Lindenbaum", del ciclo "Winterreise", "Erlkönig" y "Ave Maria" en su versión original en alemán) resultó deslucida por cuestiones más técnicas que musicales: la limpidez de las líneas schubertianas desnudó algunos huecos en el centro y el grave de su registro que la prestigiosa mezzo sabe sin embargo resolver con inteligencia.

La segunda parte, consagrada a la opereta y la canción vienesa, tuvo un cariz completamente diferente. Kirchschlager es claramente una de esos cantantes líricos cuyo talento se despliega mejor en la encarnación de personajes y situaciones teatrales, por más que no haya una puesta en escena de por medio. Su interpretación de arias y canciones de Robert Stolz, Strauss hijo, Rudolf Sieczynski, Richard Heuberger y Franz Léhar tuvo intensidad y entrega, y así lo entendió el público, que la disfrutó de principio a fin. Una vez más se comprobó entonces que un cantante puede no tener una técnica perfecta ni una emisión intachable, pero si su amor a lo que canta y su capacidad de comunicación están a flor de piel, el resultado lo compensa.

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