31 de julio 2014 - 00:00

“Aunque parezca mentira, a mí me gusta hacer reír”

Grandinetti: “Yo siempre le presté atención a la palabra y lucho con ella hasta encontrar la manera de que resulte creíble. Intento no actuar lo poético, porque lo poético ya está en el texto”.
Grandinetti: “Yo siempre le presté atención a la palabra y lucho con ella hasta encontrar la manera de que resulte creíble. Intento no actuar lo poético, porque lo poético ya está en el texto”.
A Darío Grandinetti se lo suele asociar con personajes de carácter melancólico, como el que compuso para Pedro Almodóvar en "Hable con ella". Pero fuera del escenario, el actor da rienda suelta a un humor burlón e incisivo que reniega de toda solemnidad. Su protagónico en "Novecento", de Alessandro Baricco, que se exhibe en el Teatro Metropolitan con dirección de Javier Daulte, le ha permitido desplegar su exquisito manejo de la palabra y también su comicidad, un rasgo que no suele abundar en los papeles que le ofrecen. "Por suerte existió un Alejandro Doria en mi recorrido", señala Grandineti en diálogo con este diario. "Con él hice 'Situación límite', 'Darse cuenta' y 'Esperando la carroza', cuando los demás me ofrecían cosas que no tenían que ver con el humor, ni con el desafío de componer a alguien lejano a mí.

En este nuevo trabajo, da vida a un simpático trompetista, encargado de evocar la leyenda de un pianista inigualable que nació y pasó toda su vida en un transatlántico encantando a todo el mundo con la magia de su arte, pero sin poder bajar a tierra.

"Novecento" fue llevada al cine, en 1998, por Giuseppe Tornatore y en 2003 se estrenó con gran éxito en el circuito off de Buenos Aires, protagonizada por Jorge Suárez.

Grandinetti es un gran admirador de Baricco: "Cuando estábamos haciendo 'El cartero", Silvia Baylé me recomendó esta obra: 'Vas a querer hacerla sí o sí. Y yo lo intenté, pero ya habían comprado los derechos".

Periodista: Un pianista de origen desconocido que sin aprendizaje previo tiene el don de crear la música más maravillosa del mundo ¿No parece un cuento de hadas?

D.G.:
A mí me gusta pensar que todo eso pudo haber sido cierto. La historia tiene un plano simbólico, pero hay un dato importante: éste es un ser abandonado en un barco, que crece allí y no puede salir al mundo; es el mundo quien viene hacia él a través de los pasajeros y de los inmigrantes que suben al buque. Tanto Novecento, como su amigo, son producto de una época atravesada por la inmigración, el hambre, la miseria y dos guerras mundiales. También fue una época muy bella en la que ambos disfrutaron de un mundo mágico, en el "Virginian", tocando jazz y creando una música nueva. Hasta que ese ambiente bello y espiritual está a punto de acabarse.

P.: ¿Por qué lo impactó tanto esta historia?

D.G.:
Podríamos hacer un montón de lecturas psicoanalíticas, baratas si se quiere. Cada uno sabrá lo qué significa ese barco para alguien como Novecento. Porque es fácil trasladar esta historia a situaciones que uno ha vivido. Yo, por ejemplo, soy de Rosario y me vine acá cuando todavía no había cumplido veinte años. Llegué con trabajo a una ciudad que más o menos conocía y que no me era hostil. Pero, aun así, llegué a la pensión y estuve dos horas, sentado en la cama, fumando y sin abrir la valija. Y eso que era algo muy deseado por mí y encima iba a actuar en la calle Corrientes. Una situación inmejorable para un pibe del Interior y sin embargo... No es fácil esto de enfrentarse a un nuevo mundo para el que uno no sabe si está preparado.

P.: Novecento entrá en pánico ante la posibilidad de concretar sus deseos más íntimos.

D.G.:
Su quilombo es ése. El no poder cumplir arriba de un barco los deseos de cualquier ser humano: tener una casa, un país, una familia, una mujer... Él solito aprendió a tocar el piano y una vez que logra el cariño de la tripulación ¿adónde va a ir? Si al nacer lo dejaron tirado sobre un piano.

P.: ¿Usted está solo en el escenario?

D.G.:
Como loco malo. Pero no me siento solo, estoy muy respaldado por Daulte, por el espacio que creó Alberto Negrín, por la música que es muy importante y por las luces de Matías Sendón que siguen de cerca la acción.

P.: ¿Va a regresar a la televisión?

D.G.:
Nunca me fui. "Grandinetti regresa a la televisión". Parece uno de sus títulos para promocionar un programa.

Sí, voy a hacer algunos capítulos de "En terapia" que va a dirigir mi amigo Alberto Lecchi [con quien filmó "Operación Fangio", "El juego de Alcibel", "El frasco" y "El dedo en la llaga"].

P.: Ahora que lo escucho, su voz me resulta...

D.G.:
¡Gruesa!

P.: No. Quise decir que resulta ideal para un texto como el de Baricco, tan poético y sensorial.

D.G.
: Yo siempre le presté atención a la palabra y lucho con ella hasta encontrar la manera de que resuene eso que digo y que resulte creíble. Intento no actuar lo poético, porque lo poético ya está en el texto. El oficio de actor no es más que eso. Con Javier Daulte procuramos quitarle a esta historia esa gran carga de melancolía y nostalgia que tiene en sí misma para darle espacio a esos episodios tan graciosos que se cuentan en la obra. Me gusta hacer reír a la gente. Aunque le parezca mentira, es así.

En "Novecento" el público se ríe mucho y yo pretendo que se ría un poco más.

Entrevista de Patricia Espinosa

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