Las primeras señales del enero muestran un mes con un ritmo de actividad similar al del cierre del 2018: muy flojo. Hasta ayer, los patentamientos caían 48,6% respecto a igual cantidad de días de enero de pasado. Es cierto que se compara con un mes récord pero el derrumbe impacta. Así, las proyecciones actuales del mercado apuntan a 550.000 unidades o menos. Mejorar ese pronóstico dependerá de alguna recuperación en algún momento del año. Cuanto más temprana, mayor será la bonanza. Hay un dato que despierta cierto optimismo por estos días en las terminales y es la calma del dólar con una tendencia a la baja que quita nerviosismo en las concesionarias. Se presume que esta estabilidad monetaria puede acelerar alguna reactivación en el sector por distintos motivos. Las tasas de interés están en retroceso, algo clave para que reviva el crédito. En este sector hay buena oferta de financiación pero que no tuvo la demanda esperada no por no ser atractiva sino por el clima de incertidumbre que desalienta el endeudamiento. El dólar calmo juega la doble función de aplacar la tensión economía y la de quitarle miedos a la gente. Otra consecuencia de esta paz cambiaria tiene que ver con los precios. Las consultoras están mostrando informes con una desaceleración de la inflación lo que suma otro bálsamo al nerviosismo reinante en el último cuatrimestre del 2018. Si los precios de los autos atenúan su suba, será otro favor favorable a la recuperación de la demanda. Algo de eso está pasando. Las marcas generalistas enviaron sus nuevas listas con ajustes de entre 2% y 3% y es posible que en febrero sean menores. El stock sigue siendo elevado y hay mucha competencia por lo que no se puede sacar los pies del plato sin pagar consecuencias. Además, el año pasado, la mayoría de las marcas recuperaron gran parte de la devaluación. Con precios más tranquilos, es razonable que crezca el optimismo. Más si se tiene en cuenta que se irán recuperando los salarios en los próximos meses por los nuevos acuerdos de paritarias.
Hay otro tema a tener en cuenta para el enfriamiento de los precios y tiene que ver con el impacto de los cambios en los impuestos internos. Al subir la base imponible, varias marcas de alta gama o premium bajaron los valores de algunos de sus modelos. Si bien es un segmento chico del mercado, puede funcionar como un tope para el resto del mercado, como un “efecto cascada”. El tope tributario está hoy en $2 millones, unos u$s52.000. Los autos que estén por arriba de ese precio pasan a pagar el gravamen de 20% que implica una suba del valor del 25%. Para evitar ese aumento, las marcas colocan a algunos de sus modelos por debajo de esa banda. Eso hace que varios vehículos importados estén hoy más competitivos que hace un mes y le pone un techo otros modelos que están por debajo. Si el resto sigue aumentando, se achatan las escalas. Veamos algunos ejemplos de baja de precios en el segmento Premium (y no tanto). Audi bajó los precios de entrada de gama de sus modelos A4, Q2 y Q3 a u$s51.400, u$s46.000 y u$s49.000 respectivamente. Mercedes-Benz mandó nueva lista con rebajas de hasta u$s7.000. El Clase A200 Styles pasó de 45.800 a 38.900. El Progressive de 51.200 a 43.500. Y el B200 City 41.700 a 40.500. BMW, por su parte, bajó de u$s47.200 a u$s39.900 el modelo 118. Jeep bajó el Grand Cherokee hasta u$s13.000 (93.000 a 80.600) El Wrangler, hasta 8.000 (queda en 41.500) y el Compass lo pasó de u$s a pesos y bajó $110.000 a $1539.000. Y la lista sigue.
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