26 de febrero 2019 - 00:01

A rodar

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En la tragedia griega Edipo Rey, Layo -imposibilitado junto con su esposa Yocasta de concebir un heredero- consulta al oráculo Apolo de Delfos para que le conceda el deseo de tener descendencia. Éste acepta cumplir con el pedido no sin antes lanzar una seria advertencia: por mandato del destino perderás la vida en mano de este mismo hijo. La historia avanza en un laberinto de intrincadas y promiscuas situaciones hasta que, finalmente, el nuevo rey de Tebas termina, sin saberlo, asesinando a su padre. ¿Qué tiene que ver la obra de Sófocles con la industria automotriz actual? Mucho más acá en el tiempo y en un tono menos trascendente, la historia -de alguna manera- se repite. La semana pasada, Ford Motor Company anunció el cierre de la planta de Sao Bernardo do Campo y que, con esta medida, abandonaba el negocio de los camiones pesados en la región pero, además, confirmaba el final de producción del modelo Fiesta. Esta última información puede tener puntos de coincidencia con la dramática enseñanza que llegó desde Grecia hace más de 2.000 años. Desde hace algún tiempo, los sedanes y hatchback vienen perdiendo terreno ante la fulgurante aparición de los Sport Utility Vehicles (SUV). En algunos países, el segmento de esta novedosa silueta supera ya el 30% del total de las ventas. Ford lo sabe bien porque con la creación de la EcoSport provocó una revolución en el mercado y obligó a los competidores a seguir sus pasos. En 2003, cuando lo lanzó al mercado, en la automotriz estadounidense no se imaginaban que su irrupción provocaría un cambio semejante y, mucho menos, que sufrirían las consecuencias en carne propia. La historia es conocida pero es oportuno, en este momento, recordarla. La EcoSport es un derivado del Fiesta. En una entrevista publicada en 2012, en el sitio especializado Autoblog, el brasileño Márcio Alfonso -“el hombre que inventó la EcoSport”- señalaba el momento exacto de su génesis y el motivo que los llevó a hacerla: “Fue exactamente en 1998, cuando trabajábamos sobre el desarrollo del Ford Fiesta y surgió la idea de crear una tercera carrocería, más allá de las versiones hatchback y sedán.” La idea fue concreta: tomar la plataforma del Fiesta, levantar el despeje del suelo y sumarle una carrocería que se asemejara a un todoterreno sin necesidad de serlo. Esto hizo que mucha gente que no podía acceder a las costosas 4x4, se pudiera conformar con un vehículo atractivo pero a menor precio, convirtiéndolo en un éxito. Fue así que el Fiesta dio a luz a la EcoSport sin imaginar que su hijo terminaría matando a su propio padre. Basta esperar, ahora, si Edipo, al descubrir lo que ha hecho, como en el relato de Sofócles, se quita los ojos con su espada.

Más allá de esta licencia histórica, la decisión de Ford tiene un fuerte impacto. Ya en esa columna se había adelantado el año pasado que los días del Fiesta estaban contados (como sucedió recientemente con el Focus argentino) y, hace dos semanas, se anticipó que la decisión del cierre de la planta en Brasil era casi un hecho. La empresa en la región viene dando señales de la fuerte reestructuración que está viviendo pero, en la columna de hace quince días, se señalaba que no era el problema de una empresa ni tampoco de un país. En lo que respecta a la Argentina, la situación es delicada. La caída del mercado continúa con bajas de más del 40% respecto de un año atrás, algo similar a lo que sucede con los planes de ahorro. (ver aparte). Un dato para tener en cuenta: pese a las fuertes bonificaciones, los niveles de stocks siguen elevados. Para el cierre del mes se estima que hay unos 204.000 vehículos en depósitos y puertos. A un ritmo normal eso implicaría poco más de dos meses y medio de ventas pero, con la demanda actual, pueden representar no menos de 4 meses. La lenta reducción de los stocks obliga a varias empresas a mantener parada la producción. El problema es que se cree que la crisis puede ser más larga de lo que se pensaba.

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