22 de abril 2010 - 00:00

Bélgica se convertiría hoy en el primer país de la UE en vedarlo

Bruselas - La fuerte presencia de comunidades de inmigrantes musulmanes en varios países de Europa llevó a los sectores políticos más recalcitrantes a rebautizar al continente con un neologismo despectivo: Eurabia. En ese contexto, Bélgica puede convertirse hoy en el primer país europeo en prohibir por ley el uso del burka o velo integral femenino.

Anoche no podía descartarse que el tratamiento del proyecto en el Parlamento fuera pospuesto debido a la crisis política que divide a los nacionalistas flamencos y valones, y que pone en juego la propia unidad del país. Con todo, se espera que el proceso legislativo confirme el voto favorable a la prohibición emitido el último 31 de marzo por una comisión del Parlamento.

Así, organismos defensores de los derechos humanos pidieron ayer a los legisladores que no aprueben la iniciativa, que además del burka vedaría el uso del niqab, un velo que cubre el rostro de las mujeres y sólo deja visibles los ojos.

El secretario general interino de Amnistía Internacional (AI), Claudio Cordone, manifestó que «una prohibición general del velo en público violaría los derechos de libertad de expresión y religiosos de aquellas mujeres que quieren expresar así sus creencias».

«Las autoridades belgas deben garantizar que las mujeres que decidan llevar el velo lo puedan hacer sin coerción, sin acoso y sin discriminación», indicó Cordone en un comunicado.

Pero la polémica dista de limitarse a Bélgica y Francia (ver aparte). La ministra italiana de Igualdad, Mara Carfagna, abogó recientemente por prohibir el uso del burka en su país en los lugares públicos.

En una entrevista que publicó en enero el diario turinés La Stampa, Carfagna señaló que «es necesario introducir el burka y el niqab, dado que la jurisprudencia con los años los ha justificado porque están vinculados a prácticas de devoción», añadió.

Integración

Carfagna se planteó, incluso, la posibilidad de que el Parlamento de Italia modifique las normativas en materia de concesión de la ciudadanía italiana y que pueda llegar a negársela a quien obliga a la mujer a ponerse el velo, porque sólo así, según ella, podrá haber una «verdadera integración».

Entretanto, en España el velo se convirtió en objeto de debate tras la polémica suscitada la semana pasada por el caso de Najwa, española de religión islámica, que pretendía estar en clase con su velo y que, por ese motivo, fue apartada de su curso por la dirección del colegio de las afueras de Madrid.

El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, terció en la polémica y se mostró partidario de que Najwa pueda asistir a las clases y subrayó que debe prevalecer el derecho a la educación de la alumna sobre otras consideraciones.

En una sociedad aconfesional, no es lo mismo una identificación para un grupo, como el crucifijo en el aula, que una seña de identidad particular y personal como el velo islámico, según Gabilondo, que precisó que esta seña «no atenta contra los demás».

Agencias EFE y Télam