10 de febrero 2014 - 00:06

Berlín: auspicioso debut de film nacional

El actor Jonathan Da Rosa (izq.) y el director Benjamín Naishtat en la Berlinale, donde presentaron “Historia del miedo”.
El actor Jonathan Da Rosa (izq.) y el director Benjamín Naishtat en la Berlinale, donde presentaron “Historia del miedo”.
Berlín - La 64° edición de la Berlinale, del 6 al 16 de febrero, alcanzó rápidamente velocidad de crucero. En la sección competitiva, donde ya se han visto varios trabajos interesantes, acaba de proyectarse la opera prima argentina "Historia del miedo", escrita y dirigida por Benajamín Naishtat. El director nació en 1986 y estudió en la Universidad del Cine, institución que mantiene lazos muy fecundos con la Berlinale: Naishat integra una lista de graduados distinguidos cuyas carreras impulsó el festival.

El debut del joven realizador anuncia un estilo propio, a caballo entre el cine de autor y el de género. Si, como señalaba el crítico norteamericano Manny Farber, las películas llevan inscritas el DNA de su época, "Historia del miedo" resultara una radiografía inquietante de una etapa social conflictiva en la Argentina. Lo que ahora parece evidente la tercermundización del país y su descalabro social- no lo será tanto cuando pasen cien años, el tiempo que dura la memoria que se trasmite de padres a hijos y nietos, y los conflictos sean otros.

El plano aéreo con que abre la película encapsula elocuentemente su tema y diseño audiovisual: se oye pero no se ve un helicóptero policial que vuela sobre los barrios cerrados y las villas miserias de la Zona Norte, tratando de hablar por un megáfono que no funciona. El "terreno de batalla", en palabras del director, queda planteado cinematográficamente, sin necesidad de dar más explicaciones.

Quizá con referencias discretas a Cortázar en "Casa tomada" y al Buñuel de "El ángel exterminador", el director va creando una atmósfera de miedo creciente, unilateral, psicológica y ambigua, basada en episodios inconexos, y en personajes pintados con un mínimo de contexto. (No es arriesgado ver similitudes con las atmósferas enigmáticas que crea Lucrecia Martel). Las convenciones del cine de terror suspenso y misterio están trabajadas principalemente a través de la banda de sonido, rica en efectos sonoros y música inocente e inquietante al mismo tiempo. Si bien las fuentes de sonido son realistas (los ruidos son los típicos de la ciudad o los de la naturaleza), su combinación y volumen crean un efecto experimental y perturbador. A través de la puesta en escena, va cobrando relieve un retrato fragmentado del caos urbano y los miedos a flor de piel de quienes se saben precariamente protegidos por guardas y alarmas. Los 'apaches' no se ven, pero se intuyen a la vuelta de la esquina, en el basural contiguo al jardín inmaculado de la casa del country, y en los proyectiles de estiércol contra el auto del custodio.

La película apuesta por no contar una historia convencional, con personajes y conflictos claramente planteados: el espectador va armando el rompecabezas sociológico, ideológico, político según quiera interpretar a los personajes que entran y salen de la pantalla, tipos fácilmente reconocibles. Si la película exhibiera el discurso de los setenta, a los matrimonios del country se los calificaría de burgueses, y las relaciones con las dos sirvientas y el joven trabajador, una instancia de lucha de clases. Y el film concluiría con un llamado a la revolución, en vez del final ambiguo con que cierran sus escasos ochenta minutos.

En conferencia de prensa posterior a la proyección, los dos productores argentinos tan jóvenes como el director señalaron que "Historia del miedo" costó cuatrocientos mil euros una suma pequeña para los productores franceses y alemanes que facilitaron el proyecto. El World Cinema Fund de la Berlinale diou npuntapié importante al proyecto. Queda ahora por ver si el largometraje logrará conectar con el público, y por qué rumbos incursionará su director.

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