Berlín, espejo de un mundo convulsionado

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CONCLUYE MAÑANA EL FESTIVAL, DONDE EL NIVEL DE LOS FILMS FUE NOTABLE - El polvorín de Medio Oriente, la crisis de los refugiados y la presencia geopolítica de China son algunos de los temas que trataron las películas.

Enviada especial a Berlín - Dieciocho películas se han presentado en la sección Competencia de la 67° edición de la Berlinale, cuya clausura será mañana con la entrega de los Osos de oro y plata. La oferta ha sido variada en géneros y estilos. Se han visto algunos títulos muy interesantes que certifican, por un lado, que el cine goza de buena salud en todos los rincones del globo, y por otro que el festival provee un espacio generoso para reflejar temas políticos de actualidad: la Guerra Fría será cosa del pasado, pero el polvorín del Medio Oriente, la crisis de los refugiados, y la presencia geopolítica de China están en el candelero y abundan en el festival. Y ese espejo global que es la pantalla del Berlinale Palast, sede del festival en Potsdamer Platz, devuelve imágenes de un mundo exterior tormentoso, y también de personajes atormentados, en clave cómica o dramática.

Directores ya consagrados, como Volker Schlöndorff y Agniezka Holland presentaron largometrajes muy sólidos; ambos son adaptaciones de novelas, y se centran en el costo de buscar la verdad. En "Return to Montauk", de Schlöndorff, un escritor exitoso (Stellan Skarsgard) quiere reescribir su pasado como si fuera una novela -un error catastrófico, que ocurre en ambientes sofisticados de Manhattan y Long Island. En "Spoor", Holland la emprende contra el establishment politico y económico de su Polonia natal; es un thriller hitchcockiano y atmosférico, con más de una vuelta de tuerca, donde las convenciones del policial están utilizadas y desmontadas, simultáneamente.

Varios films europeos coincidieron en documentar un malestar espiritual, ya sean individuos congelados emocionalmente o describiendo una dinámica social cerrada a los que vienen de afuera y a cualquier tipo de cambio.

El film más destacado de este grupo es el drama cómico "The Other Side of Hope" ("El otro lado de la esperanza"), de Aki Kaurismaki, sobre un refugiado sirio que aterriza en Helsinki por casualidad. Está contada con humor irónico, elipsis narrativas y agudas observaciones sobre usos y costumbres nórdicos, difíciles de absorber para los extranjeros. En clave de sátira, "The Party", de la británica Sally Potter, demuele las vacas sagradas del feminismo y lo políticamente correcto en círculos progresistas ingleses. La acción dura lo que la película, y está confinada a un departamento elegante de Londres, donde se reúnen siete amigos sin sospechar que lo que se viene es una variante de irónica de "¿Quién le teme a Virginia Woolf?", en blanco y negro y con una vuelta de tuerca inesperada. La banda sonora -música clásica y canciones pop- es una clase maestra en cómo utilizarla para subrayar sutilmente las locuras absurdas en que está embarcada la clase pensante británica. Que el tango de Pugliese "Emancipación" se oiga sobre los créditos finales es de una ironía suprema.

Hubo dos películas latinoamericanas a concurso: la chilena "Una mujer fantástica", de Sebastián Lelio, y la brasileña "Joaquim", de Marcelo Gomes. La primera fue muy bien recibida por la crítica, en parte por su temática transexual, y también por la interpretación de su protagonista (un "él" biológico, una "ella" por elección). La película se armó sobre la base del intérprete transexual Daniela Vega, de presencia magnética en la pantalla. Los malos de la película son los chilenos de alta sociedad, ricos y católicos, que maltratan a la mujer fantástica del título. Por su parte, "Joaquim" desmitifica el personaje de Joaquim Da Silva, conocido como Tiradentes, héroe del movimiento independentista fracasado en el siglo dieciocho. A la película le interesa mostrar la vida dura de un pueblo colonial del sertão, el sufrimiento de los esclavos, la búsqueda de oro, la corrupción del gobierno colonial portugués, la division de clases, los piojos y los dentistas improvisados. La reconstrucción histórica está muy cuidada, pero como dos tercios de la película se dedican a mostrar a Tiradentes (Júlio Machado) obsesionado con encontrar pepitas de oro, ha historia no consigue levantar vuelo. Quedan más largometrajes por comentar, pero imitando a la astuta Sheherazade hay que dejar conejos en la galera.

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