30 de enero 2013 - 00:00

Bernanke apuesta al rally de Wall Street

La Reserva Federal mantendrá sin cambios su política monetaria de talle extra grande a lo largo de todo el año. No hay certezas, pero si existe una convicción que apuntala el rally en Wall Street, es la del apoyo generoso que continuará aportando la Fed sin titubeos. Será, pues, un buen momento para tomarle el pulso: el comité de mercado abierto del banco central culminará hoy su primera reunión de 2013. Es verdad que las minutas del último cónclave sembraron dudas sobre la voluntad de perseverar con el ritmo muy elevado de compras de bonos largos: a razón de 85 mil millones de dólares por mes. En la institución no faltan quienes quisieran desensillar pronto. Y también es cierto que las tasas largas han comenzado a trepar. Pese a las adquisiciones constantes de la Fed, los títulos del Tesoro a diez años ya avisaron que pueden volver a rasgar el umbral del 2%. O sea, medio punto porcentual anual por encima del piso previo al QE3.

¿Qué cabe esperar? En diciembre, la Fed alumbró un cambio de criterio para justificar su adhesión a la estrategia de tasas cero y su permanencia en el tiempo. Adoptó la regla Evans modificada. Se dispone ahora de un conjunto de indicadores cuantitativos -una tasa de desempleo superior al 6,5%, la inflación proyectada a uno y dos años no más alta del 2,5% anual y la vigencia de expectativas de inflación bien ancladas- que hace las veces de semáforo para anticipar un cambio. La luz verde a las tasas cero de corto plazo no está amenazada por ninguno de los componentes de la terna.

¿Será que la Fed no se aparta del trazo de su política de tasas de interés, pero reduce la cuantía de sus compras de bonos y le quita potencia al QE3? Está escrito en las minutas que no son pocos los miembros de la Fed que favorecerían tal enfoque.

Desacuerdo

Son los mismos directivos que tampoco quisieron la aplicación del QE3. Uno de ellos, Jeff Lacker, titular de la Fed de Richmond, asentó su desacuerdo votando en disidencia en todas y cada una de las ocho reuniones del comité de mercado abierto en 2012. «No es propio del banco central asignar crédito», dijo públicamente para justificar su rechazo al QE3. Pero la decisión se tomó igual. La clave para entender los pasos de la Fed no es reparar en el abanico existente de opiniones encontradas. Lo que hay que ponderar es el núcleo duro convencido de la iniciativa. Si Lacker es el principal halcón, Charles Evans, de la Fed de Chicago, es el abanderado de las palomas. Y, ya se dijo, en diciembre, la institución se abrazó a una de sus propuestas.

Es que quien define la pulseada, Ben Bernanke, se inclina hacia las posturas que abogan por el mayor estímulo. Y todo sugiere, no está de más repasar sus palabras más recientes, que no se ven razones para una mudanza.

Cambio

La novedad de 2013 es que -como fruto de la rotación habitual de los presidentes de distrito- Lacker saldrá del comité de política monetaria (y dejará de tener voto) e ingresará Evans. Siendo así, las decisiones de la Fed tienen más chances de volver a ser tomadas de manera unánime.

Si se examina la marcha de la economía y se la contrasta con los datos a mano en diciembre, no surgen motivos para alterar el curso de política. La amenaza del abismo fiscal se ha desdibujado, aunque el tema se postergó más que resolverse.

De hecho, todavía rige, a partir de marzo, la posibilidad de que se gatillen recortes automáticos del gasto público (el proceso de «sequestration») de magnitud significativa. Todo el mundo cree que la sangre no llegará al río, pero difícilmente la Fed quiera mudar de caballo en esas condiciones.

Consumo

No la corre ningún apuro. Es más: en el margen, la política fiscal se tornó más (y no menos) dura. La marcha atrás con la quita del 2% en los aportes personales de los trabajadores morderá en el consumo. ¿Cuánto? No se sabe. Buena razón también para no apresurarse. Es cierto que los mercados financieros gozan de una mejoría notable. Y transmiten la impresión de una economía menos achacosa. Pero ese entusiasmo se apoya, a su vez, en la idea de que la Fed no retaceará su sostén hasta que la realidad ratifique dichas previsiones.

¿Cómo interpretar, por último, la suba notoria de las tasas de largo plazo cuando ese segmento es aquél donde interviene la Fed, ya sea comprando títulos hipotecarios o bonos del Tesoro? Conviene no repetir el error de Bill Gross, el muy hábil administrador de Pimco, el principal fondo de bonos sobre la tierra, cuando se rasgaba las vestiduras ante la finalización del QE2. Que las tasas largas libres de riesgo de crédito suban no significa ningún fracaso. Es todo lo contrario, como lo demuestra la bonanza de las Bolsas y de los más variados activos de riesgo. Que esto luego derrame sobre la economía real, ya es harina de otro costal. Pero no lo hará nunca si primero no cumple esta transición. Que las tasas largas suban no significa tampoco que el QE3 esté por salir de la escena o reducirse. Con una economía real tan débil, a diferencia de lo que pensaba Gross, si la Fed achica sus compras de bonos largos, serán los inversores privados los que correrán a tomar su lugar. El rally actual daría las hurras, los activos de riesgo se desmoronarían, y eso sí, las tasas de los bonos del Tesoro volverían a bajar. Y ello, por cierto, no es lo que ocurre.

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