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Boda gay desató crisis en bloques del Senado
Miguel Pichetto le anuncia a José Pampuro que no habría debate en particular. Liliana Negre de Alonso acusada de «nazi» estalló en el recinto. Rubén Giustiniani terminó de dar vuelta la votación.
Desde temprano se sabía que Emilio Rached, el santiagueño que llevó al empate la votación por la Resolución 125, no estaría presente en el recinto, pero resultó incomprensible que, mientras el Peronismo Federal se había unificado en el rechazo a la boda gay, Adolfo Rodríguez Saá, Juan Carlos Romero y Carlos Reutemann, se retiraran del recinto a la hora de votar la ratificación de lo votado en Diputados.
Parecía extraño sobre todo en los casos del puntano y el salteño: sus compañeras senadoras, Liliana Negre de Alonso y Sonia Escudero, fueron las protagonistas absolutas durante las 14 horas del debate como representantes del rechazo a la boda gay. Al final las abandonaron en el recinto dándole, al mismo tiempo, el justificativo al radicalismo para dar marcha atrás en su anunciada intención de introducir modificaciones que, mágicamente, desapareció a la hora de votar.
Esas ausencias en el recinto se sumaron a la lista de senadores que Miguel Pichetto había logrado sacar del recinto, que también ayudaron a que el proyecto se convirtiera en ley sin volver a Diputados.
Ese episodio les generó un conflicto a los radicales. La conducción del bloque anunció, hacia las 22, que en el debate en particular propondría cambios en seis artículos. Ninguno de ellos modificaba el espíritu de la ley, sólo algunas desprolijidades en lo votado en Diputados en relación con el nombre de los hijos adoptivos en parejas del mismo sexo y cuestiones relativas a incompatibilidades que se había detectado.
Los cambios habían salido desde la mañana cuando los radicales tuvieron una conflictiva reunión de bloque. Con sólo Gerardo Morales, Ernesto Sanz, Nito Artaza y Alfredo Martínez a favor del matrimonio gay y el resto en contra (con algunos senadores como el formoseño Luis Petcoff Naidenoff) firmando el dictamen de Unión Civil, a los radicales el problema les estallaba en las manos. No parecía servir la libertad de conciencia decretada por Morales, cuando los contrarios a la ley reclamaban acciones concretas al jefe de la bancada. Los reproches a la conducción superaron la media normal. Salió así la lista de modificaciones que luego se anunció, con la intención de obligar así al kirchnerismo a soportar que la ley volviera a Diputados.
Pero hacia el final de la sesión comenzaron señales contradictorias. El discurso de cierre de Rubén Giustiniani calentó aún más el ambiente en el bloque radical. Su justificación para declarar la igualdad ante la institución del matrimonio resultaba imbatible frente al ideario radical. Esa sensación la profundizó el propio Sanz: representante de una provincia conservadora como pocas, Mendoza, desplegó en el recinto la fundamentación filosófica y legal más acabada sobre la necesidad de aprobar la ley: «No autorizar el matrimonio entre personas del mismo sexo es inconstitucional, viola los artículos 16 y 19», sentenció. Sanz, reconoció, incluso, que con su posición pagaba costos políticos en su provincia, habida cuenta que los otros dos mendocinos votaban en contra de la ley.
Antes de la disputa final entre Miguel Pichetto y Negre de Alonso, Morales tomó la palabra. Argumentó a favor del matrimonio gay con el mismo énfasis que Sanz: «Estamos en presencia de la necesidad de sancionar una ley que repare esta situación de discriminación. Todos compartimos que hay que garantizar estos derechos que hoy no están cubiertos», expresó Morales. Pero anunció: «Votaré en general el proyecto venido en revisión de Diputados, pero plantearemos algunas observaciones en particular».
Sin cambios
Al llegar la hora de votar, con algún guiño confuso de por medio, Pichetto pidió que el proyecto se tratara en general y en particular al mismo tiempo. Es decir, sin lugar para plantear modificaciones. La conducción de la UCR estaba al tanto de ese pedido ya que no presentó objeciones. Y el matrimonio gay fue ley, sin cambios.
Más tarde hubo explicaciones, como que hubiera sido infructuoso el debate al no contar los radicales con el número suficiente para imponer modificaciones. Lo cierto es que si los cuatro senadores de la UCR hubieran planteado el debate junto a los peronistas federales que se fueron, hoy la ley estaría en revisión en Diputados. Obviamente se intentó evitar ese paso, pero los radicales quedaron heridos hacia dentro del bloque que ahora le cuestionan a Morales, y a Sanz, el haberlos llevado hasta el límite de una votación con la que no querían colaborar.
Otra vuelta de campana final e increíble, dio el fueguino Mario Collazo. En los debates previos llegó a decir que si se aprobaba el matrimonio «mañana alguien se va a poder casar con un perro, o con un burro», y en la madrugada de ayer votó a favor de la ley.


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